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Jesús Civera

Los papeles alterados

El portavoz de la ejecutiva del PSPV ataca al secretario general del PSPV. Nadie mejor que el portavoz de la Casa Blanca para, en sus comparecencias retransmitidas al mundo, cortar en rodajitas dialécticas al presidente de EE UU. O, metidos ya en este entorno amable y periférico, nadie mejor que la portavoz Catalá para propinarle bastonazos al presidente Fabra y sacarle los trapos sucios, si los hubiere. Es una lástima, la verdad, que el portavoz de la Casa Blanca y María José Catalá hayan de interpretar su papel, lo que nos priva de un divertimento irreverente y chisposo: la rebelión constante contra su propia obra. El PSPV, en cambio, carece de obediencias, y hasta de congruencias, y por eso es un festival de paradojas. De hecho, Francesc Romeu se eleva él mismo como una inmensa y celestial paradoja. Por una parte, mora en las interioridades de la dirección y se sabe al dedillo las menudencias. Por otra, se las cuenta al respetable mientras atiza a la dirección. Si buscáramos un personaje histórico capaz de moldear esa ambivalencia no lo hallaríamos. Los más, aniquilaban a su jefe mediante intrigas; pero ninguno narrándolo a su vez en público. Es, por tanto, un homenaje, el de Romeu, a la transparencia, tan deseada por las convenciones políticas. Al fin y al cabo, en su larga travesía en el desierto veinte años le contemplan el socialismo valenciano, en lugar de producir reflexión, ha fabricado «vedettes». «Vedettes» y cultura de la resistencia. Lo primero tiene mejor apaño que lo segundo, aunque ambas cosas sean inseparables. La estrella se escucha a sí misma y levanta su voz por encima de la organización. Privilegia su «yo» a la causa. «Váyanse, váyanse, que va a venir Unamuno con su yo y no cabemos todos», decía Ortega a un grupo de tertulianos en su despacho. Resulta que el socialismo valenciano está en condiciones de pilotar el cambio o eso dicen las encuestas con gran optimismo histórico pese a golpearle la desafección ciudadana, que Ximo Puig ganó la secretaría general en un congreso democrático, que integró a las tribus indómitas, que se presentó a las primarias abiertas con el resultado conocido, que llevó al congreso de Sevilla la semilla de la democratización que hoy recoge el PSOE y que se ha fumado la pipa de la paz con tirios y troyanos. Lo que se traduce en una legitimación democrática incontestable. Pues nada. Resulta que ha perdido la autoridad por apoyar o dejar de apoyar a uno o a dos de los candidatos del PSOE, según su propio portavoz. Al parecer, los órganos en los que se funda el poder ya no son los congresos y las elecciones. Se puede coger el metro sartorial y diseñar un traje en el que la legitimación brote del respaldo a los candidatos foráneos que torean en las plazas de España. Otra paradoja existencial. Estoy de acuerdo: el PSPV necesita un buen psicólogo.

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