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Podemos y Bolívar

A los de Podemos, y a su líder Pablo Iglesias, les llaman bolivarianos con la misma intención, denigratoria y derogatoria, con la que Franco (o el senador Joseph Mc Carthy) tildaba de comunistas a todos sus opositores de cualquier ralea. Y puede que con los mismos efectos potenciadores de quien es presentado como una entidad maléfica, ubicua e inabarcable. Pero bolivariano no nos debería sonar tan mal: Simón Bolívar nos echó una mano en la lucha contra los invasores franceses y luego, es cierto, pidió la independencia de su país. En efecto, cada cual en su casa.

Pero estos retratos o caricaturas que pretenden presentar al adversario „eso es el Diablo„ con rasgos luciferinos suelen apelar al miedo, a las emociones oscuras, a menudo conectadas con el terror al bárbaro, al periférico, al que no figura en el cuché de la centralidad y el cotarro. Por eso un periodista inteligente pudo decir que los campamentos del 15M «recordaban a los de El Cairo». Para que todos pensáramos (sin decirlo): «Nos van a tomar por moros». Otro periodista, éste idiota integral, se refirió al crecimiento de ERC a costa de CiU como «si la criada se hubiera llevado los bienes legítimos de la señora». Se puede ser más necio, pero no más clasista.

Pues bien, cuando tachan a alguien de bolivariano quieren que pensemos que, si ganan, van a encasquetarnos a todos el poncho y la quena o el jersey multicolor de Evo Morales y cambiar nuestra mascota preferida por una llama. Bueno, bueno: conocer las finanzas de Podemos es un derecho, criticarlo por sus acciones, también, pero no traten de despertar nuestro desdén racista por los indios porque a quienes se les ve el plumero es a los que no lo son (supuestamente). Los bolivarianos no serán tan temibles cuando han ganado varias elecciones con las garantías habituales en la región y no han podido o querido evitar que grandes ciudades y regiones de sus países caigan en manos de sus opositores. Don Manuel Fraga y Stalin nunca perdían un referendo. O sea que, dado el caso, es otra opción: digna de vigilar y ser vigilada.

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