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Joan Carles Martí

Ahora molestan

Después de ceder a todas las embestidas posibles por tierra, mar y aire, el autoproclamado papel mediador entre los intereses de Bankia y de Amadeo Salvo está a punto de abdicar como salvaguardia del valencianismo social. Salvo dice que Peter Lim, al que por cierto todavía no sabemos cómo pronuncia el obligatorio «Amunt», no quiere tanto control de la Fundación. Que está muy tiquismiquis, con muchas cláusulas de control y exigiendo demasiadas garantías. Igual el singapurense desconoce que precisamente ese es la función del organismo que todavía preside Aurelio Martínez, que además el Consell se fía más de los patronos que del consejo de administración del club. Si al final se plegan a las condiciones de Lim, peligra el sueño de José Luis Zaragosí, una sección de balonmano; las ansias expansivas del fútbol femenino de Salvador Belda; el poder para el pueblo de Mestalla que desea Francisco Blasco; la democratización accionarial que pretende Blas Madrigal, así como también la implicación de los veteranos en Paterna que predica en el desierto Ferran Giner. Además, es impensable que Cristóbal Grau, señalado por Manuel Llorente como el padrino de Salvo; el pro rus(o) Miguel Bailach, o el gran valencianista institucional de Mateo Castellá, descuiden la parte final de un proceso a la vuelta de las elecciones. En sus manos está que el Valencia se venda con todas las salvaguardas.

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