En un país en el que no dimite ni Dios, el miércoles se fueron dos. Habrá que ir revisando los conceptos. Magdalena Álvarez y Willy Meyer. Los dos de izquierdas. La primera deja un puesto que representa lo más del capitalismo, con una remuneración pornográfica. El otro, toda la vida rajando del capitalismo y ahora tiene que irse porque participaba en un fondo voluntario de pensiones de la Eurocámara, que actuaba a través de una sicav localizada en Luxemburgo. Las sicav es lo que tienen, que tratan de burlar las obligaciones fiscales como sea. Algunos criticaban a Meyer por tener un plan de pensiones, lo cual es una crítica de cretinos, dado que uno puede ser comunista pero no tonto. Se puede ser forofo de Lenin y querer pasar una buena vejez. No dimite por tener el citado plan. Dimite porque lo ha destapado la prensa.

Álvarez, muy soberbia, viene a decir que no se va por nada de lo que pensamos que se va, pero se marcha porque está imputada en los EREs y eso perjudica a la institución, que la habrá presionado, y porque el PP la tiene en el punto de mira desde hace mucho tiempo. Por ser ella y por tener un puesto que tiene muchos novios. No eliminemos la componente tribal: determinados dirigentes conservadores, que no son en ocasiones los más notables, piensan que esos puestos les corresponden. Por una especie de derecho de sangre o de ideología o casta.

En España se crea empleo. Y de calidad. Se han quedado libres dos puestos cómodos, bien pagados, donde se viaja y a uno lo tratan de usted. Izquierda y ejemplaridad han de ser sinónimos. Al fondo a la izquierda hay sitio. En este país no dimite ni Dios pero anteayer se fueron dos. Obligadillos, sí.