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Solo la puntita

Recuerdo la impresión que me produjo ver en la portada de Levante-EMV las colas de gentes que querían llegar los primeros a las gangas de Ikea. No muy distintas a las aglomeraciones provocadas por el último cacharro de Apple (que suele perfumarse con un touch of class) o a los azogados compradores de otro juego para videoconsolas (si es que aún se llaman así). Los poderosos, dicen, son como cumbres, que se ven y vigilan desde lejos; los pobretones somos muchos y entramos en contacto con facilidad y con el calor de la fricción, se eleva nuestro nivel energético: la aglomeración fase primitiva de lo social es un paquete de castañas calentitas en el bolsillo un día del crudo invierno.

Antes de que estas marcas se convirtieran en referencias más o menos universales, los responsables de mantener un simulacro de sociedad eran El Corte Inglés y la Liga Nacional de Fútbol, de acuerdo con la idea acuñada por Manolo Vázquez Montalbán (estoy releyendo Un polaco en la corte del rey Juan Carlos: ¡qué pulso y qué agudeza periodísticas!). Luego se añadiría Mercadona. Pero, antes, cuando hacía el Bachillerato, podía darse el caso inconcebible para jóvenes de hoy de que todos comentáramos, al coger el autobús, la misma película vista después de la cena. En una de aquellas noches, echaron Los pájaros, de Hitchcock, y llamamos al retén de la Policía Municipal para advertir que las farolas se estaban llenando de cuervos, qué risa.

Fue hacia 1980 cuando Margaret Thatcher se presentó ante su ejecutiva y soltó un graznido «con la altura tonal de una fresadora de dentista» (Martin Amis): «La sociedad no existe», dijo. Y hay que hacer constar que, con la ayuda de Reagan y la larga descendencia de ambos, casi lo consiguen. Ahora hay, incluso, un profesor egipcio que, para evitarnos los problemas que crean, sugiere eliminar físicamente a los niños de la calle (aún no se le ha ocurrido carnearlos, quizás porque es un alimento prohibido por El Corán). El profesor es de Ética, claro. O sea, que tal vez no sea tan extravagante recuperar la idea de sociedad. Sólo la puntita.

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