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Matías Vallés

Rubalcaba

Fuerte que las elecciones europeas no traen consecuencias, dicho sea con el país a medio desguazar. Rubalcaba ha comprendido que ya solo podía ser noticia marchándose un poco más. El PP/PSOE pierde a su fundador, sigue siendo el político español más inteligente que he conocido. Cuando era vicepresidente del Gobierno me transmitió una máxima digna de Séneca: «He decidido que soy demasiado mayor para no decir lo que pienso». Es una ley tan simple como difícil de cumplir, el socialista saliente la ha violado en su ocaso político.

La llamada de Rubalcaba era un festín. Como buen científico, incorporaba la voz del interlocutor sin desviarse. No se repetía, sino que insistía. Entre bastidores, trataba al adversario político como un compañero. De hecho, se ha enredado por el exceso de cables tendidos hacia la derecha. Nunca entenderé que al político que previó el estallido callejero del 15M se le nublara la vista al examinar su propio destino. El hiperactivo se unió al hipoactivo Rajoy, que también ha abandonado ya aunque se le ha olvidado comunicarlo. El PP/PSOE llora la desaparición de ambos y la propia.

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