El desarrollo territorial no es un concepto sencillo. Como se ha apuntado en reiteradas ocasiones hay que entenderlo como un proceso integral, en donde concurren los esfuerzos de varios colectivos por la innovación, la explotación de los recursos patrimoniales y las redes, constituidas por dinámicas de interacción en el territorio. No es simple, y no se puede ignorar este hecho. Tampoco es estático, pues se caracteriza por su dinamismo, manifestado por los factores, la naturaleza y los efectos de la evolución que adquieren esos procesos (innovación, constitución de redes, aprovechamiento de recursos).

En los territorios valencianos, municipios y comarcas, las redes son de diferente naturaleza. Las empresariales, las dinámicas de interacción social y redes socio-institucionales, redes políticas o territoriales. Por ello se trata de una temática abordada desde diversas disciplinas, como la economía, la sociología, las ciencias políticas o la geografía. Todas ellas tienen en común unas estructuras asentadas en el espacio, integradas por componentes y por vínculos relacionales entre ellos.

En el contexto del desarrollo territorial, las redes adquieren un especial significado, tienen un particular valor. Sforzi a finales del siglo pasado definía a las redes territoriales a aquellas que hacen referencia a las relaciones sociales de cooperación y la compenetración de las empresas en las redes de relaciones socioeconómicas que constituyen el sistema local, entendido como integrador versátil de conocimientos y organización. Para la incorporación de innovaciones y la dinamización de los territorios resultan imprescindibles las redes desarrolladas entre los diferentes actores, no sólo empresarios y emprendedores, sino también técnicos municipales, especialistas de centros de investigación, oficinas de planificación, cooperativas agrícolas, representantes sindicales, asociaciones culturales, colectivos sociales diversos, plataformas reivindicativas, entidades financieras, etc. Y por supuesto representantes políticos locales (ayuntamientos, mancomunidades€). Dichas redes se materializan en los acuerdos, de carácter formal o informal, que establecen entre agentes socioeconómicos públicos o privados con objetivos que responden a intereses comunes. En unos casos por motivos básicamente económicos, relacionados con la competitividad; en otros, por relaciones alentadas o facilitadas por la proximidad geográfica entre actores locales. En esos casos se trata de colectivos que tienen vinculaciones con su territorio, impregnado de historia, de sentimiento de pertenencia, de motivo de cohesión social.

En términos generales las redes se pueden diferenciar entre las de perfil empresarial y las que responden a aspectos sociales e institucionales. La geógrafa Julia Salom (Universitat de València) aboga por esta sencilla clasificación. En el primero de los casos, se trata de las relaciones establecidas entre empresarios que persiguen alcanzar determinadas ventajas. Entre ellas, podemos destacar la reducción de costes de transacción empresarial; el acceso a experiencias y conocimientos; el desarrollo de procesos de aprendizaje colectivo; la consecución de nuevas soluciones a problemas; o la reducción de los riesgos de la innovación. En definitiva, se trata de crear o facilitar sinergias entre actores locales, los empresarios, con objetivos comunes (hacer que sus empresas sean cada vez más competitivas).

Las asociaciones empresariales con una base territorial, sea municipal y sobre todo comarcal, son un reflejo de esta modalidad de redes. En comarcas valencianas como la Safor (FAES) o la Vall d´Albaida (Coeval), o en municipios de la Ribera, l´Horta, el Camp de Morvedre o la Costera, se han ido configurando redes empresariales muy interesantes, que están condicionadas por la predisposición y las habilidades desarrolladas por las empresas y por las modalidades de relaciones entre ellas. En ese sentido, pueden basarse en transacciones económicas (como la subcontratación o la provisión de algún servicio o producto) o en actividades basadas en la cooperación entre empresas del mismo o diferente sector (a nuestro entender más interesantes, pues suelen abordar procesos de aprendizaje colectivo, intercambio de tecnologías o proyectos comunes I+D+I). Todos ellos constituyen factores que condicionan el éxito de las relaciones entre los agentes empresariales.

Las redes socio-institucionales se basan en el rol desempeñado por actores sociales, económicos e institucionales de territorios concretos. Se trata de unos sistemas relaciones determinantes para la consolidación y el fortalecimiento de las oportunidades de desarrollo local. Estas modalidades de redes, públicas o privadas, permiten el apoyo de actuaciones empresariales de carácter colectivo. En estos casos, las redes se caracterizan por una estructura horizontal, entre empresas, organizaciones y asociaciones, e instituciones.

Dado el significado que adquieren en el desarrollo económico y en el escenario territorial, se echa en falta un análisis global de las redes para el territorio valenciano. Cuando se aborda el estudio de las redes en el contexto del desarrollo territorial se debe tener en consideración tres aspectos esenciales, como son la identificación de los actores locales, sus atributos y las tipologías de relaciones entre ellos. Para la definición de los agentes que actúan en un territorio determinado se aborda su tipología y su condición, instituciones y organismos públicos, con competencias sobre el territorio, y organizaciones socio-económicas, con capacidad para dinamizar la economía y promover proyectos de carácter colectivo.

Las características y los atributos de las actuaciones y los proyectos de los actores locales forman parte de los elementos constitutivos de estas redes territoriales. Nos referimos tanto a rasgos cuantitativos, que permiten mesurar el grado de madurez y consolidación de una red, así como a aspectos cualitativos. Por ejemplo la naturaleza de las redes existentes, las razones de su existencia, el grado de implicación efectiva de los actores, el liderazgo ejercido por ellas, o la capacidad de movilización colectiva que tienen. La variedad de actores y de las características que los definen constituye un denominador común de las redes territoriales, pues en ellas se suceden agentes de diverso perfil, como económicos, culturales, medioambientales, corporaciones municipales, institucionales, políticas, etc.

Finalmente es necesaria la identificación de las modalidades de vínculos que los conectan y relacionan con el territorio, en sus diferentes escalas. ¿Cuáles son las raíces territoriales de esas redes? ¿Es el territorio la razón de ser de estos sistemas? ¿Cuál es su grado de externalización, es decir, su nivel de participación en redes externas? ¿Se puede definir la frecuencia y la intensidad de las relaciones desarrolladas así como la valoración de las relaciones de cooperación? Se tratan de temas de gran valor para el conocimiento de los diversos sistemas territoriales, y para entender la localización de numerosas empresas o su competitividad empresarial.

Con todo las redes constituyen un factor de gran relevancia para el desarrollo territorial, tanto para iniciarlo como para mantenerlo. Sin embargo su configuración requiere de un período de tiempo prolongado. Es evidente que los territorios innovadores se caracterizan por la existencia de redes de diversos perfiles (empresariales, tecnológicos, sociales, institucionales€), que cooperan entre ellas. En estos escenarios, los territorios inteligentes, las universidades y los centros de investigación pueden y deberían tener una función sobresaliente, dada su capacidad tecnológica y sus vínculos territoriales. En ese sentido tenemos un camino por recorrer juntos. Ayuntamientos, mancomunidades, entidades financieras de arraigo territorial, asociaciones de empresarios, cooperativas de implantación municipal, institutos de estudios comarcales o municipales, plataformas sociales€ y por supuesto la universidad.