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Verano, horchata y huerta

En verano, horchata. U orxateta i fartons . Y horchateras, según aquella canción que grabó en 1978 el conjunto músico-vocal, Els Pavesos, con Joan Monleón (q.e.p.d.) de crooner: «Sobre una alfombra de flor/Que cubre la feria entera/Entre miradas de amor/Pasa la alegre horchatera/Horchatera valenciana/Tú embrujaste la bebida/Que en principio da la vida/Y enseguida da más ganas de beber».

En este segundo LP de Els Pavesos, Joan Fuster escribió un divertido y desmitificador texto sobre lo que denominó «el fenòmen Pavesos». A medio camino entre el compromiso con la editora, algunos amigos que participaron en el disco y su lucidez habitual, el escritor de Sueca se refirió al «populisme primari i divertit que orienta i impregna el seu treball». Unas líneas más adelante, sin embargo, defendía el planteamiento general del long play: «Té, en principi, un mèrit molt estimable; és un disc enternidoramente descarat».

Cada cual es muy libre de asociar el verano a una imagen, perfume o vivencia. Un servidor lo vincula con la acequia de Moncada (a su paso por Godella), Alboraia, la horchata y las horchateras valencianas, sensualmente descritas por Els Pavesos en su canción (aunque no todas lo sean): «Horchatera valenciana/Ojos de noche serena/Con tu boca color grana/Ai! Morena das la pena sin querer».

El insigne polígrafo Almela i Vives (1903-1967) escribió en su interesante libro Valencia y su Reino (1965), intento de réplica a El País Valenciano (1962), de Fuster I de Sueca, que «en la capital valenciana, hasta muy entrado el siglo XX, proliferó la venta ambulante de la horchata de chufas». ¿En qué soportes móviles viajaba la horchata? Según Almela i Vives, en carritos manuales, aunque, en ocasiones, tirase de ellos «un borriquillo paciente y orejudo».

En aquel entonces (siglo XIX), de cultura y economía rural, nadie podía sospechar que la Huerta de Valencia iba a desaparecer, aproximadamente, hacia el año 2040 (o antes), por la especulación del suelo y también por la multiplicación demográfica: a mayor número de habitantes, menos huerta y espacio vital en todo el planeta. Casi ningún sociólogo o político nacionalista aborda la «explosión demográfica», problema que ya plantearon teóricos de tota mena (años 60 del siglo XX) en revistas como Cuadernos para el Diálogo (conservo un ejemplar monográfico dedicado a esta cuestión) o Triunfo. Y si no lo plantean es porque, en su inmensa mayoría, han contribuido a la superabundancia demográfica, y a la invasión de la huerta por la ciudad, procreando hijos, habitantes en detrimento de las verduras, las hortalizas o los cítricos.

Lo fácil es culpar a los constructores de viviendas y edificios que han ido comiéndose la huerta, donde, por cierto, viven „encima de lo que fueron campos feraces„ muchos de los progres e izquierdistas que se lamentan de su constante e imparable aniquilación. Menos procrear y protestar, pues, el salón-comedor, el cuarto de la baño, la cocina y la habitación de matrimonio profanan lo que fueron hermosas alcachofas, patatas, sandías, chufas, cebollas, melones o nabos.

El único remedio es imitar a EE UU y, a la manera de sus grandiosos parques nacionales protegidos (Grand Teton, Yellowstone, Valle de la Muerte, Mesa Verde o Montañas Rocosas), crear aquí „con la ayuda del tripartit„ varios parques muy tutelados: L´Horta Nord, L´Horta Sud, L´Horta Est, L´Horta Oest, La Ribera Alta y La Baixa. Y suprimir los adosados y las segundas residencias sobre terrenos agrícolas.

La horchata. El barón Jean-Charles Davillier viajó por España en 1862 y 1863, acompañado por el ilustrador francés Gustave Doré. Escribió un panegírico de las «chuferías valencianas» (las horchaterías) porque estaban entre los establecimientos más limpios y acogedores de Madrid. Tengamos en cuenta que los horchateros de Alicante y Valencia se expandieron por el resto de España e inclusive algunos se hicieron famosos en el extranjero. Las horchateras vernáculas fueron glosadas así por Jean-Charles Davillier: «Llevan un corpiño de terciopelo, falda corta y delantal de seda, cuyos reflejos son como los de la pechuga de la paloma».

Los tiempos han cambiado. Y la huerta la han escarnecido, entre otros, quienes más lloran por su agonía. ¿Sobre qué terrenos está construido el campus de Tarongers? Verbigracia.

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