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Julio Monreal

Peter Lim o la nada

El magnate de Singapur ha forzado la máquina y, con su amago de marcha, ha puesto al Valencia en la posición de aceptar aprisa su oferta para no verse abocado al concurso

El culebrón de Peter Lim y su interés por comprar el Valencia se está reorientando hacia las carreras del club para ser adquirido por el magnate de Singapur. Falta una semana para que el equipo recupere la actividad y todo está tan liado que no se sabe ni quién será el entrenador ni qué jugadores se quedan y cuáles se van. Una situación que deja al club en inferioridad de condiciones en relación con otros de su entidad. La venta que se planificó desde la Fundación Valencia CF con el tiempo suficiente para permitir la preparación de la nueva temporada ha devenido en un cacareo de proyectos urbanísticos, amenazas de demandas y bailes de nombres tales que resulta difícil estar al día.

Lo que parece claro es que nadie en el Valencia quiere el concurso de acreedores, que dejaría el club en manos de un administrador concursal encargado de vender bienes para pagar deudas, como si la entidad deportiva fuera una sociedad anómina cualquiera.

Una duda sí se ha despejado en el proceso. Bankia refinanciaría la deuda a Lim o a otro comprador, pero no aceptará rebajas o quitas en la millonada que se le ha de pagar. No podía ser de otra manera. Un banco nacionalizado por la mala gestión de sus responsables anteriores, que ha provocado graves pérdidas a miles de familias que contrataron participaciones preferentes y acciones y está reduciendo de forma drástica su red de oficinas y su plantilla, ¿por qué tendría que rebajar la deuda a un millonario que quiere hacer negocio con un club de fútbol? Sería un golpe grande en su imagen de marca. Si lo hacen, que no hay que descartarlo, mejor que sea de tapadillo, como se han hecho otras cosas. Una pinza en la nariz y una venda negra en los ojos. Hay muchos damnificados que no dejarían pasar la oportunidad de clamar por el agravio. Así que lo mejor es vender, cuanto antes y por toda la deuda, que vivales que se dejaban querer y no tenían un chavo ya han pasado bastantes.

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