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Adiós, Toñi

Se va, la Toñi se va. O, bueno, la echan. Dicho sin mala ostia, Toñi Moreno o, como lo diría Felipe González, la señorona de la política, sin acritú, Toñi, aunque yo no tengo sus morros. Ni su morro, dicho sea a la carrerilla. Se va, la Toñi se va. O la echan. El día 28 se acaba el turrón. Lo que pasa es que la Toñi, siendo mucho, es poco. Es poco porque la Toñi no se va sola. Se va todo un equipo de gente. Un granito de arena en la estadística del triunfo del Gobierno, pero un tsunami para ese puñado de trabajadores que se van al paro. Mucha gente. Pero como la Toñi es la cabeza visible del equipo, palos a ella. Lo que pasa es que T con T, siendo la otra cabeza, es la consecuencia pero no la causa de la despedida. Claro que a estas alturas muchos lectores se preguntarán de qué hablo. Lo digo porque muchos se preguntarán, espantados por tan gran hazaña, si es que la Toñi ha resucitado, creyéndola muerta catódica desde los tiempos de la infamia de Entre todos, barrida por la ola de aquel espectáculo indecente cuando, al fin, TVE decidió quitárselo de encima como un acto de arrojo y repentina dignidad. Pues no, hay que decir a los despistados. Toñi Moreno no se fue. Reconvirtieron su gracejo para hacer un festival miserable de la desgracia ajena en T con T, un magacín vespertino que no iba ni venía, que no daba frío ni calor, que se iba de jarana mientras la tarde en otras cadenas arde o en buenas producciones „ahí están Amar es para siempre y la excelente El secreto de Puente Viejo, que no sólo no pierde pulso sino que lo gana, con guiones muy vivos y actuaciones de primera„ o en buenas revistas de actualidad, digo de actualidad, no de actualidad inventada para enmascarar la actualidad, creo que me explico. Y ya no. Ya es difícil que te compren tocino por jamón.

Errores de bulto

Detrás de ese descontrol, de estos arranques de caballo y paradas de rocino trasquilado está la dirección de TVE, con nombres y apellidos. Los responsables han sido Ignacio Corrales, en tiempos de Leopoldo González-Echenique, por estar más pendientes del palacio de La Moncloa que de los espectadores, y ahora los nuevos. Sí, los nuevos. Se me dirá que llevan unas horas, que José Antonio Sánchez como capo de la Corporación RTVE acaba de poner el culo en el sillón, y que José Ramón Díez, al frente de TVE desde el verano, está aterrizando. Sin embargo han sido rápidos para retirar al gastado, vapuleado y exprimido Julio Somoano como director de informativos y poner a un tipo que, como David Bisbal o cualquier pilingui de las que asoman su jeta por el bozo de los edredones de Telecinco, está dispuesto a darlo todo por el PP, por Mariano Rajoy, y por Madame Cospedal. Señoras, señores, quieto todo el mundo, llega José Antonio Álvarez Gundín. Tan ensimismados han estado y están en mamarle el tuétano al PP para defenderlo de la realidad y de sus trapacerías que se han olvidado del resto, y así va la televisión pública, de retirada. Hay días que se queda la quinta en audiencia, superada por cadenas cuya juventud es un insulto. La audiencia por la audiencia no es la lucha en la que uno quiere ver a TVE, pero duele cuando eso se debe a una parrilla gris, insulsa, babosa, sin empuje, una cadena sumida en la bancarrota de ideas, irrelevante como referente informativo pero con el lastre rebosante de un descrédito y rechazo como jamás se vio en la tele pública. ¿Cómo explicar que Pablo Iglesias, por poner un ejemplo que clama al cielo de las tablas de la ley periodística, aún no haya pisado un plató de La 1? Es tan raro en esa casa que cuando hablan de él lo presentan como secretario general del PSOE „Telediario de La 1„ y de Izquierda Unida „en La 2„. ¿Simple error? Tal vez. Pero tan esclarecedor que retrata la descomposición del medio.

A Curri, ni tocarla

Otro ejemplo se suma a ese descascarillado, a ese pus que sin remedio sale por los poros de la casa y surge en cuanto hay ocasión, y tuvo lugar para asombro de la audiencia el miércoles de esta semana por la mañana. Se emitía Los desayunos de TVE, ya saben, la tertulia matinal que se mantuvo de la etapa anterior, cuando la moderaban Pepa Bueno o Ana Pastor. El invitado era el presidente de Cepyme, Antonio Garamendi, que fue invitado con la premura que merece alguien de primera actualidad, y este empresario recién subido al podio de los medianos empresarios llegó al programa a los dos días de ser nombrado. Sin embargo, el secretario general de Podemos fue nombrado hace más, muchos más días, y Pablo Iglesias ni ha estado ni se le espera. Me centro. Transcurría la tertulia con normalidad. Uno de los asuntos del sumario era hablar de las prospecciones que hace Repsol en Canarias. Tomó la palabra Anabel Díez, de El País, en contra de las mismas, luego Pilar Gómez, de La Razón, a favor, y por último Curri Valenzuela, que representa a los medios más a la derecha y por supuesto a favor de las prospecciones y de todo, todito todo lo que diga, haga, calle, u oculte el Gobierno „vamos, un ejemplo de equilibrio ideológico en esta tertulia de la tele pública„. Curri Valenzuela tomó la palabra, y al cabo de unos minutos, a la moderadora le pareció que llevaba demasiado tiempo hablando. Tenemos prisa, Curri, que coges la pelota y no la sueltas, le dijo María Casado con humor. Pero hete aquí que a doña Curri no le gustó la observación. Sólo me cortas a mí, contestó, a las demás las dejas hablar. A partir de ahí, mal rollo. ¿Alguien le regañó por el pinganillo a María por hacer de moderadora, por distribuir los tiempos? Huy, huy. Hay que decir que el programa lo dirige Ignacio García Mostazo, nombrado por Julio Somoano, director de informativos ya destituido, que a su vez fichó a Curri. Fue todo tan desproporcionado, tan fuera de lugar, tanto la reacción de la colaboradora como la posterior de la moderadora, que ahí huele a cosa sucia. Así que la marcha de la Toñi forma parte de un tinglado más complejo, más enrarecido, más clientelar, más sórdido y descompuesto. Pobre TVE.

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