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La Comunitat de la coleta

Ángela Ballester y Sandra Mínguez son los dos faros que el líder de Podemos tiene ya a su disposición en la Comunidad Valenciana para iluminar su camino en las instituciones. Paulatinamente el invento de Pablo Iglesias va adaptándose al centralismo democrático que practica el resto del espectro político „herencias del marxismo„ dejándose de «asambleismos» en aras de la eficacia. Así, un comité de elegidos dirigirá los destinos del movimiento bajo la atenta mirada del líder, que ya tiene su soviet supremo y su politburó. Se ha denunciado que la proporción de valencianos en la sala de máquinas de Podemos es irrisoria. No hay noticia en ese hecho. Lo paradójico -que evidencia las características del fenómeno- es que las dos lideresas valencianas de Podemos no se conocían minutos antes de acceder al Teatro Apolo de Madrid, el lugar de la metamorfosis del movimiento en partido.

Inclasificables. Inclasificables. Es precisamente la inclasificable naturaleza de la citada organización, su ubicuidad ideológica, su pretendida transversalidad, ese discurso que va desde la moderación hasta el Cossío del obrerismo plebeyo lo que mantiene en ascuas a la parroquia. Es la ausencia de respuestas concretas a las dudas razonables que provocan sus ignotas intenciones lo que abona la incertidumbre, desconocida hasta ahora. Eso y la práctica evidente solipsismo político, o en otras palabras, confiar en que la percepción subjetiva del mundo es la única realidad posible. A estas horas la irrupción de Podemos genera tal zafarrancho en las expectativas políticas de la izquierda valenciana que todavía no saben cómo hincarle el diente a la criatura.

Hundimiento. Conscientes del rechazo que pueden generar excesivas dosis de radicalidad, Podemos parece moderarse, dando menos pistas, buscando pescar en caladeros diversos. Frente a ello la izquierda acentúa su discurso extremo desoyendo que los savonarolas acaban quemándose en las hogueras que prenden. Hasta hoy las aproximaciones de sus líderes a Pablo Iglesias han sido equívocas (Ximo Puig), calculadamente voluntaristas (Enric Morera) , manifiestamente estratégicas (Mónica Oltra) o expectantes (Ignacio Blanco). Ninguno descifrado el algoritmo del extraterrestre. Es precisamente ese autismo táctico de Pablemos lo que condicionará el próximo y apasionante semestre político en el que asistiremos al corolario del hundimiento autonómico. Por el sumidero se han ido el club de fútbol de bandera, tus bancos propios y la TV pública. Ahora se le hurta a esta sociedad la decisión sobre el futuro gobierno. Porque será Pablo Iglesias, a distancia, quien decida quien es el próximo President de la Generalitat.

Comicios. Podemos no comparecerá en las elecciones municipales „para no mostrar sus limitaciones„ y lo hará a regañadientes en las autonómicas. Si Pablo Iglesias pudiera se saltaría ese trámite porque su norte magnético está en la Moncloa. Lo demás le estorba. Por ello, la estrategia autonómica de Podemos, la decodificación de cuya fórmula pretenden los candidatos de PSPV, Compromís y EU, es precisamente la ausencia de estrategia. Ximo Puig, quien hubiera preferido lidiar con Enric Morera o con Marga Sanz tendrá que vérselas con Oltra y Blanco. Para empezar, la primera clave a despejar -sabiendo que Compromís investiría a Puig- será si EU entra en el parlamento o se queda fuera. La segunda, de la misma forma, es si conseguirá presencia parlamentaria UPyD o no. Si Toni Cantó obtuviera su acta, acabaría apoyando a Puig, cosa que parece ya pactada por Rosa Díez. Pero, sin duda, será Pablo Iglesias a través de sus terminales quien decida. Y si los 20/25 escaños autonómicos del partido de los círculos se votan ellos mismos en el debate de investidura de las Cortes Valencianas, las opciones se multiplican.

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