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Para Navidad, tres décimos del Gordo

Por desgracia para todos nosotros, las Corts se disponen a aprobar unos presupuestos para 2015 con unos ingresos que no van a poderse alcanzar. Quien se ponga a analizar previsiones y cifras, en las circunstancias que viven el Reino de España y la Generalitat Valenciana (GV), llegará a la conclusión de que el futuro próximo de nuestros servicios públicos se basa en especulaciones y supuestos poco razonables. Con todo los respetos al lector y a nuestros políticos, un símil que viene a la cabeza es la de alguien que a fecha de hoy, 24 de noviembre, ante la imposibilidad de pagar el actual alquiler, decidiera comprar el piso donde vive, basándose en la ilusión de afrontar su pago en el 2015 gracias a tres decimos recién adquiridos para el próximo sorteo de Navidad, argumentando a los demás y a si mismo que le va a tocar el Gordo. Seguramente hasta el 22 de diciembre albergaría la ilusión, pero el consejo de cualquier persona mínimamente racional sería advertirle de sus reales probabilidades y aconsejarle que antes de año nuevo tuviera un momento de lucidez y suspendiera la visita al notario aprovechando la semana que separa el día de la lotería y Nochevieja. De lo contrario, le aguarda, con toda seguridad, el desahucio que va a dejar a él y a su familia en la calle.

En un presupuesto, los ingresos son previsiones razonables acerca de lo que se espera recibir, pero la GV ha adquirido tres décimos para afrontar sus obligaciones para el próximo año:

1) 1.057 millones de euros confiando en que el Estado va a adelantar el Fondo de Competitividad de 2015 que normativamente está previsto recibir, al igual que el resto de gobiernos autonómicos, en 2017 (de hecho ha presupuestado correctamente para 2015 la liquidación del Fondo de 2013). Dos cuestiones limitan esta esperanza, una es la posibilidad o no legal de pedirlo. El matiz reside en que para nosotros los mortales de a pie, anticipo y pago a cuenta son sinónimos. Los juristas de la conselleria tienen en la especulativa diferencia materia para interpretar un artículo de la ley que regula el tan denostado modelo de financiación autonómica. No se espera aclaración para antes de la votación en Les Corts. Lo más decisivo es que todo el ingreso queda en manos de la voluntad y de los propios recursos del Gobierno. Señalar que en los Presupuestos Generales del Estado que se discuten simultáneamente en Madrid no hay partida alguna destinada a tal pago a cuenta.

2) 360 millones por venta de activos inmobiliarios, cuyo precio y posibilidad de venta nadie conoce, recordemos lo que en realidad ha ocurrido durante los últimos meses. El mercado está cerrado. La GV al igual que muchos ciudadanos quiere pensar que tiene un patrimonio, pero nadie lo compra por la cantidad que precisa.

3) 200 millones a recaudar por el impuesto sobre depósitos bancarios. Una competencia autonómica que el Estado ha recurrido y cuya resolución judicial dista mucho de ser inmediata.

Lo dicho, tres décimos con escasas posibilidades de ser premiados y, por tanto, de que los ingresos previstos se cumplan.

Aunque los presupuestos pasen por la litúrgica votación de Les Corts, los periódicos valencianos del día de Nochevieja pueden sacar en portada una de estas tres noticias:

„ Todo el personal que dependa de la GV verá disminuida sus retribuciones anuales en un 23 %.

„ Las aportaciones de la GV a la enseñanza concertada y a las universidades no podrá ser satisfechas en el año que vamos a empezar.

„ A partir de mañana dejaran de pagarse todos los suministros sanitarios que utilicen la red de hospitales y ambulatorios dependientes del Servicio Valenciano de Salud.

Obviamente, la conselleria podría administrar los recortes entre los tres gastos de 2015, pero de una u otra forma se reflejará que alrededor de 1.600 millones de euros no vayan a llegar a la GV, a pesar de tanta esperanza optimista.

Sólo uno de estos tres recortes sería necesario a la altura del 1 de enero, pero en el caso de que no se asumiera la situación desde esta fecha y se siguiera pensando que quizás habría que comprar algún otro décimo para El Niño, llegado junio el titular en la prensa no debería ser uno sólo de los tres apuntados, sino al menos dos, ya que habrá pasado medio año gastando lo que no se tiene.

La situación se reduce a dos relatos. El del Consell consiste en que ya que Montoro no ha querido, o podido, rebajarle el déficit y financiárselo mas allá de lo pactado, Fabra le ha desafiado elaborando un presupuesto falso con el uso de los citados décimos. Ha sido pasar la patata caliente a Rajoy y con ella la continuidad de los servicios públicos que la GV gestiona. El ministro, por su parte, ha repetido hasta la saciedad que él ha hecho todo lo que podía y que la responsabilidad ahora es de la GV. El argumento a ambos lados del Madrid-Valencia es el mismo: «La culpa no es mía», cuando las patadas las reciben las posaderas de los valencianos.

Por su parte, la oposición, con un ojo en las elecciones de mayo, no puede pedirle a Montoro que diga la verdad (no va a tocarle la lotería a Fabra) porque esto sería políticamente inaceptable. ¡Como vamos a decir que la GV no va a tener dinero, si nosotros podemos gobernar en unos meses!

Si no se produce algo extraordinario, a principios de diciembre todos se juntarán y tras acusarse mutuamente y descalificarse procederán a votar. Por supuesto, la mayoría absoluta se impondrá. Cuando llegue mayo de 2015 habrá que tener mucho sentido democrático para ir a votar a quienes estén dispuestos a gobernar una GV sin suficientes recursos financieros, cuando no hicieron en diciembre de 2014 nada especial para evitar la irracionalidad de los décimos de lotería. La democracia formal debería tener algún mecanismo cuando se someten a votación previamente ganada escenarios presupuestarios de imposible cumplimiento que afectan a millones de personas.

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