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Vicente

¿Más felices?

Dice Kiko Rivera que odia a este país por haber metido a su madre en la cárcel y cuestiona si a partir de ahora los españoles vamos a ser más felices. Hombre, no. De felices, igualitos, pero satisfechos de que una persona que ha cometido un delito cumpla su pena como cualquier otra. La propia Isabel ha utilizado sus conciertos para autopresentarse como víctima de un sistema injusto que ha tenido la osadía de condenarla, como una heroína maltratada o un chivo expiatorio. Jamás la he oído entonar el mea culpa ni mostrar arrepentimiento por su delito de blanqueo del dinero que trincó su excompañero sentimental Julián Muñoz del que, tal como se indica en la sentencia que la ha llevado de cabeza a la cárcel de Alcalá de Guadaíra, conocía su procedencia ilícita.

Quizá si en lugar de mantener esta actitud orgullosa de Juana de Arco trasnochada hubiera admitido su culpa, hubiera conseguido más simpatías entre los ciudadanos de las que aún tiene entre sus fans, muchos de los cuales parecen confundir su talento artístico con su catadura moral. Veía en un programa de televisión a un par de señoras indignadas por el ingreso en la cárcel de la tonadillera como si pretendieran, encima, que le pusieran una medalla. El dolor de su hijo y sus salidas del tiesto son normales, pero el enfado de algunos fans resulta incomprensible y una muestra de cómo andamos aún por estos lares en los que nos unimos por pandillas y estamos dispuestos a perdonar a los nuestros de todos los males mientras pedimos ejemplaridad para los de enfrente.

No hay más que asomar la nariz a nuestra alucinante actualidad para constatar la doble vara de medir en función de la afiliación política del que se la lleva cruda. Los que vivimos de una nómina o que no tenemos ninguna por falta de trabajo estamos hartos de chorizos, sean políticos, sindicalistas, banqueros o cantantes que, encima de habernos robado, se las dan de dignos. Por eso es posible que estemos un poco más tranquilos, pero queda mucho ladrón por entrar en prisión. Cuando todos paguen por habernos esquilmado mientras millones de personas las pasan canutas, cuando todos sigan los pasos de la Pantoja y acaben en una celda cumpliendo sus penas, cuando no justifiquen lo injustificable y, sobre todo, cuando paguen las multas y devuelvan lo robado, entonces sí, Kiko, es posible que los españoles seamos un poco más felices.

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