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¿Y si fueran los ríos subterráneos de Valencia?

Descartado inicialmente, y con muchas prisas, que la obra de los parkings de la plaza Vinatea y San Agustín sean la causa de los temblores de los edificios de Barón de Cárcer „con lo que cimbrea la calzada en san Vicente Mártir y la plaza del santo„ habrá que mirar otras posibles causas como la probable existencia de corrientes subterráneas de agua desviadas por las obras públicas de gran envergadura realizadas en la zona en los últimos años, las cuales estarían abriéndose camino en el subsuelo de la zona.

Rufo Festo Avieno, en su poemario «Ora Maritima», escrita en el siglo IV d.C., habla del primitivo enclave de Valencia al que denomina en sus versos «oppidum Tyrim», por su vinculación al río Tyrius, nuestro Turia, inicialmente un poblado pre-romano alzado sobre la isla fluvial cercada por dos grandes brazos del río.

El poeta es muy gráfico cuando escribe «Praestingit amnis Tyrius, oppidum Tyrim», cuya traducción es «El río Turia abraza (o rodea) la ciudad de Tyris». Al llegar a la altura del hoy casco viejo de la ciudad, un brazo del río se desgajaba del cauce principal y formaba un río que cercaba el solar del hoy centro histórico de Valencia.

Antes que él, este accidente geográfico ya había sido documentado por un poeta griego anónimo en el siglo VI a.C. y por el historiador latino Salustio en el siglo I d. C. Este brazo «dextrum flumen Turium», discurría por las hoy calles Baja, Bolsería, plaza del Mercado, plaza del Ayuntamiento, Barcas, Parterre, plaza de Tetuán y de nuevo se juntaba con el cauce madre del río, dejando en el interior del trazado una isla fluvial el solar original de la antiquísima ciudad de Valencia.

El P. Jesús Faus que estudió este hecho era del parecer que dicha configuración permaneció durante la Valentia romana y la visigoda y la transformarían hasta hacerla desaparecer mediante la desecación del brazo derecho del río los musulmanes, que pretendían así ensanchar los arrabales de la ciudad, la cual dejaba de estar abrazada por dos corrientes de agua.

Durante la dominación islámica el territorio valenciano sufrió una importante transformación, sus secarrales y marjales fueron convertidas en fértiles huertas, también los alrededores de la ciudad, aprovechando la básica infraestructura romana de canalización y conducción de aguas.

Es sabido que debajo de los ríos se forman acuíferos y ríos subterráneos, que tienen carta de naturaleza de cientos sino miles de años y que cuando son alterados por la obra humana las aguas que por ellos pasan «buscan sus escrituras», según la experimentada habla popular.

En un mismo tramo de calle, en los últimos años se ha construido dos parkings y una estación de metro, se ha toqueteado mucho el subsuelo y en uno de los casos las obras están durando más de lo previsto. No es descartable que los muros de anclaje y pantallas de contención de dichas obras hayan desviado de su curso natural el curso de las aguas subterráneas, como sí ha ocurrido con anterioridad en la construcción del Metro y túneles subterráneos en la ciudad. Recordemos que en un túnel junto al viejo cauce en la zona cercana a Nuevo Centro el ingeniero que dirigió la obra, abrumado por tanta agua que le salió, pintó las paredes llenas de la fórmula «H20».

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