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Los novísimos

Es un error esperar demasiado de la política: nunca llega. Nada es mejor que llevar impecablemente a cabo la propia tarea, pero hay cosas que exceden, con mucho, el esfuerzo personal y, entonces, aparece la política, con su mezcla de buena intenciones y demagogia, hechizo, falsedad y pasión (de dominio) para revelarnos, tras pesar en frío sus distintas formas globulosas, que su verdadera importancia estriba más en lo que nos puede quitar que en lo que nos puede dar. Ante todo mucha paciencia aunque en su ánimo de ciudadano se alternen los momentos de sosiego con los relampagueos de furia. A mí me ocurre lo mismo.

Si quiere una política nueva no siga ni vote a ninguno de los sacristanes viejos, muy pocos se propone cambiar y de los pocos que se lo proponen, casi nadie lo consigue. Lo normal es morir como se vivió: el quejica, quejándose. De ahí la red Púnica que seguía robando cuando ya había quedado muy atrás el boom y el batacazo: emprendedores imaginativos. O la altanería de Carlos Fabra con un pie en el presidio. O la televisión castellano-manchega, qué borrega, escupiendo propaganda vestida de informativo. O los predadores de bragueta de la diócesis de Granada, impunes y sueltos hasta que el Papa mandó a parar.

Somos un país ciclotímico que en sus momentos agitantes proclama que Hernán Cortés y doce de los suyos conquistaron Méjico (la realidad fue ligeramente más compleja), pero en los desánimos se considera la escoria de Europa y escupe sobre sus muertos más frescos. Ni los suecos ni los británicos son de otra especie: crearon instituciones y figuras que desaniman al forajido de la política, al saqueador. Se portan bien a la fuerza. La política se basa por igual en la confianza y en la desconfianza y nada puede sustituir a esta última. Una cosa es la espuma ascendente de Podemos „bienvenida en todo caso: recambio generacional„ y otra ir concretando cosas que parecen muy pequeñas, pero que son poderosos instrumentos: vivienda, sanidad y educación para todos, listas abiertas, proporcionalidad rigurosa.

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