Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El pequeño Nicolás o Mortadelo y Filemón

Les confieso que desde el primer día no me han interesado nada las andanzas del pequeño Nicolás, un personaje más propio de Mortadelo y Filemón y las historias de agentes secretos de tebeo. Un moniato, con perdón, que se ha montado una película de espías con delirantes episodios que caen por su propio peso. Un pobre chaval con una imaginación desbordante que un día se levantaba siendo un agente del CNI, que al rato negociaba para salvar a la infanta Cristina y se acostaba satisfecho después del deber cumplido de meter las narices en Esquerra Republicana por encargo del Gobierno. Un salvapatrias, o sea un majara.

Y como el chico debe tener más cara que espalda, ha buscado su minuto de gloria contando sus aventuras de Indiana Jones de pacotilla en los platós que le han querido comprar su moto. Allá cada uno con la forma que tiene de ocupar su parrilla de programación y de rascar unas décimas de share.

Quiero pensar que al final todo quede en los delirios de grandeza de este pobre chico. Me aterroriza pensar que el sujeto campaba a sus anchas por La Moncloa y el despacho de la vicepresidenta del Gobierno o que entraba y salía como Pedro por su casa en el Ayuntamiento de Madrid. Porque si es así, es para empezar a preocuparse por la seguridad nacional.

Compartir el artículo

stats