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"Psicopolítica"

Es el título de un librito tan breve en páginas como enjundioso del filósofo de origen surcoreano y profesor en dos Universidades alemanas Byung-Chul Han (1). El poder ha cambiado de estrategia y si antes, como bien supo ver otro filósofo ya fallecido, el francés Michel Foucault, tenía un carácter disciplinario, hoy, en pleno régimen económico neoliberal, asume formas mucho más amables y que resultan a la postre más eficaces.

La biopolítica ha dejado paso a la psicopolítica. El poder soberano que decidía sobre la vida o la muerte de los individuos dio paso en la era industrial al poder disciplinario que administraba el cuerpo mediante un sistema de normas que lo convertían en una máquina de producción y reproducción.

Ahora, gracias al mundo digital, el poder no emplea ya la medicina amarga de la biopolítica, sino el «me gusta» de Facebook y de las otras redes sociales. Trata de seducir en lugar de castigar, penetra en nuestras psiques, se adelanta a nuestros anhelos , busca agradar en lugar de someter.

La técnica del poder neoliberal no es en principio punitiva ni prohibitoria. No le hace falta porque encuentra en los consumidores lo que Étienne de la Boetie, el amigo de Montaigne, calificaba de «servidumbre voluntaria».Es permisiva, nos anima a consumir. Quiere dominar intentando agradar y generando dependencias, adicción. Nos anima sobre todo a interrelacionarnos, a comunicar porque cuanto más comunicamos, más revelamos de nosotros mismos. Como escribe el autor, la cámara de torturas ha dejado paso al teléfono inteligente, que permite recoger todo tipo de informaciones sobre el usuario.

La racionalidad de la etapa anterior se percibe ahora como coacción, como obstáculo. Y en su lugar entra en escena la emocionalidad, paralela a un falso sentimiento de libertad. La economía neoliberal destruye toda continuidad y construye inestabilidad, impulsa la emocionalización del proceso productivo a diferencia de lo que ocurría en la sociedad disciplinaria, en la que las emociones eran un estorbo. El capitalismo de la emoción, escribe también Byung-Chul Han, ludifica, si se permite el neologismo, es decir trata de convertir en juego el mundo del trabajo y la comunicación, pero al mismo tiempo destruye el poder emancipador que puede tener el juego en aras de su comercialización más descarada.

El capitalismo neoliberal convierte por otro lado al sujeto en empresario de sí mismo, en alguien que se auto-explota, que es su propio guardián y recluso, su amo y esclavo, y al que hace enteramente responsable de su éxito o fracaso en la vida. La psicopolítica es sobre todo el universo de los Big Data, de los Grandes Datos, del individuo productor o consumidor totalmente transparente para el poder, que puede ahora vigilarle desde todos los ángulos, sin que existan ángulos muertos como ocurría con la «vigilancia analógica» a lo Bentham. Es lo que llama «totalitarismo digital». Como ejemplo cita a la empresa estadounidense Axciom, que comercializa los datos personales de 300 millones de ciudadanos de aquel país, que agrupa en setenta categorías - desde los shooting stars, los más prometedores como potenciales consumidores o clientes hasta los de escaso o nulo valor comercial escaso - el waste, pura basura.

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