Iba a hablarles de esa especie de Marisol rumbo a Río, o de Pili y Mili, o de Tú a Boston y yo a California, que le soltó González Pons a Fabra («tu aquí y yo en Bruselas trabajando por la Comunidad»); o incluso de ese empeño eclesiástico que le entró a Bonig por «recobrar el alma del PP», con el mismo ardor que le entró al Observatori por la «deconstrucción» del alma valenciana, como si este fuera un país de desalmados zombis, cuando de repente, o sea, suddenly, the last sumer, me acordé de los 50 años de La Turia: ¡Coño! Imperdonable por mi parte no haberles felicitado todavía el aniversario y desearles una muy larga y próspera vida.

No hay como coger dos noticias, que en sí mismas son bastante tontas, y juntarlas, para confirmar la estupidez de ambas. Junten el atentado que hace dos domingos perpetró Rita Barberá contra la lengua con el debate que se cometió el miércoles en las Corts a cuenta de la ley de las Señas de Identidad y el Observatorio. ¿Qué ha dicho el «Sanedrín de la Auténtica Paella» (el garrofó Santamaría, el sofregit Bellver, el conill de Lo Rat Penat y el pollastre de la Real Academia de Cultura Valenciana) sobre las herejías lingüísticas que con nocturnidad y alevosía festera, ante las masas atónitas y las cámaras perplejas, balbuceó la alcaldesa contra la primera de las señas de identidad de este pueblo? Nada o todo lo contrario: que la oposición no le llega a la suela del zapato y que si Joanot Martorell viviera firmaría con Jorge Bellver ese caballo de Troya que están pergeñando para alcanzar las más altas cimas de las miserias electorales. ¡Qué desfachatez, Jorge! ¿Qué te permite suponer que sant Vicent Ferrer firmaría vuestros desvaríos?

Dice Rita, con razón, que un mal día lo tiene cualquiera. Reconocerá, sin embargo, que cuatro sexenios lingüísticamente echados a perder responden a un plan y exigen esfuerzo (plan + esfuerzo = empecinamiento). Ocho días después del terremoto de Serranos y a 15 del de Albacete, sólo algunas cosas. Una: me repugnan muchos de los mensajes que circulan por ahí sobre la alcaldesa: las redes sociales parecen el fondo sur del Betis, un basurero ideológico. Dos: me gustaría trasladar mis condolencias a la fallera mayor: le jodieron su noche más hermosa. Tres: Miquel Dominguez, una cosa es disculpar un error (como ella misma pidió), otra cosa es ensañarse con la persona, y otra muy distinta convertir la carnicería en un bautizo o, en un elogio de la ignorancia, hacer de la incultura un arma política de la que servirse.

Parece que Rajoy le dijo a Sánchez en el Congreso lo que la Pantoja a su última doméstica en La Cantora: «No vuelva usted aquí a hacer ni a decir nada».