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Mariano y el masón

Ya dije que esta será una larga partida de ajedrez, acomoden el culo entre almohadones. Quien ha dicho que Mariano Rajoy pretende destruir el experimento Syriza, no es ni Varufakis ni Tsipras, aunque lo hayan dicho, sino Paul Mason, periodista de la BBC 2, noticias de la noche, con esa sonoridad amplia y un poco siniestra que tiene la palabra noche y más si hay noticias. Mason ya cabreó a la embajada española en Londres por un reportaje de 2012 sobre la crisis española, y aunque la prensa británica siempre procura crearnos problemas con el turismo, la Royal Navy, las epidemias, la incidencia diarreica estival y mil cosas más, porque son así, lo cierto es que incordiar a un embajador „por ejemplo el de Israel„ es el primer deber de un periodista con espolones.

Dice Mason que esto ocurre «por razones obvias». En efecto: en cualquier crimen la pregunta básica es a quién beneficia y si la muerta es rica, el primer sospechoso es su viudo. Elemental, mi querido Watson. Si Syriza no funciona, se anula, por analogía y escarmiento, la viabilidad de Podemos, sola o con alianzas, que serán la leche. El problema, por supuesto, no es que Rajoy sea de derechas, sino una peculiaridad psicológica que le hace ser más obediente que un empleado del Bundesbank, o dicho de acuerdo con la inversión lorquiana que Maruja Torres le endosó, «blando con las espuelas y duro con las espigas».

El primer movimiento de la jugada „las elecciones andaluzas„ no va a serle muy propicio a Rajoy, según las encuestas (todas mienten), a no ser que Susana Díaz se busque un novio Moreno y del PP, que sería un modo de suicidarse alegremente, en todo caso ¡viva el amor! Pero la jugada es larga: un año de nervios y uñas roídas. Mucha paciencia, ¿Y quién es, a mayor abundamiento, el tal Paul Mason, además de periodista de la BBC y premio Orwell? Pues uno que de joven fue trotskista. Poca broma, el trotskismo es la academia de los que no pudieron pagarse la École des Hautes Études Politiques porque no les cantaba un chelín o no tenían un primo en la Cámara de los Lores. O Loras.

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