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Sólo procesionan los Pujol, Olivas no

Hasta la familia catalana por antonomasia, los Pujol-Ferrusola, han procesionado por el Parlament para explicar la «herencia» que el ahorrador avi Florenci „ buen catalán donde los haya„ les dejó en Andorra. Con seis de los siete hijos imputados en varias causas judiciales, entre ellos la evasión de capitales, la confesión del expresidente de que guardaba dinero allende la frontera acarreó tal escándalo que se vio forzado a renunciar a su sueldo y a la oficina que tenía asignados. Al título honorífico de presidente fundador de CDC y de CiU, así como al trato honorífico de Molt Honorable Senyor y a la medalla de oro de la Generalitat. Todo de una tacada, pese a los efectos que para la salud de un octogenario pudieran derivarse por tal cúmulo de emociones.

Bolsas de basura con dinero, colecciones de Ferraris y Lamborghinis «destrozados» pero mágicamente restaurados por el primogénito Jordi, y hasta amargas amantes despechadas han salido a relucir en la sede del gobierno autonómico. Unos kilómetros más hacia el sur, en la Comunitat Valenciana del vergonzante «caloret», el Partido Popular calificó de «deplorable» la última revelación sobre los modos de José Luis Olivas al frente de Bancaja y Banco de Valencia, para acto seguido tumbar cualquier posibilidad de que explique su gestión en las Corts. Salvado, el todavía Molt Honorable.

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