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La solución

Según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas, el cis para los amigos, cuatro de cada cinco españoles creen que la cosa de los cuartos anda igual o peor y una amplia mayoría está convencida de que, en 2016, no remontaremos ni de coña. No sé ya qué hay que decirle a la basca, pero desde luego así no vamos ningún lado.

Ayer mismo, Luis de Guindos, tuvo que repetirlo: esto va que da gusto. Técnicamente hablando vino a decir que, durante los próximos cinco años, «la economía española experimentará un crecimiento anual de entre el 2,5 y el 3,5 por ciento, acercándose de ese modo a su auténtico potencial». Añadió que, en el ejercicio actual, se creará medio millón de empleos y deslizó que en el presente mes se devolverán 1.500 millones de euros del rescate financiero. Aunque no sabemos con certeza si este rescate es el que jamás hemos pedido o es otro, lo importante es concienciarnos de que se trata de un «crecimiento muy sano» según el ministro. Resulta increíble es que la gente no lo note. Más que increíble, intorelable. Una prueba evidente del paso firme con el que se camina es que el propio presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha dejado caer que «con las altas cifras de paro y desempleo juvenil en España, no podemos decirle a la gente ni a nosotros mismos, que la crisis se ha acabado», en una demostración más de la envidia que causamos al marcar estilo.

La cuestión es que, con las generales a la vuelta de la esquina, no parece admisible tanto negativismo. Ya sabemos que el Gobierno está haciéndolo de cine, pero debería tomar medidas mucho más eficaces contra la irrealidad que nos circunda. La primera es de cajón: clausurar el cis. Y después ir más allá e instaurar que nuestros pobladores dejan de ser españoles. Verán como se acaba todo.

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