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Los medios arropan la negativa del Madrid

El Real Madrid, arropado por los medios informativos de la capital, dice no a la final de Copa en el Bernabéu. La postura del club tiene turiferarios de verbo encendido que, sin percatarse del fondo de la cuestión, animan a los independentistas de Barcelona y Bilbao. Desde Madrid se arguye que no se quiere que en su recinto se silbe el himno nacional. Tal actitud no es precisamente plausible, pero se dará se juegue donde se juegue. Nadie los callará. El acontecimiento ya tiene excesiva carga política. Hay argumentos de todo tipo. Para empezar, se culpa a la Federación Española por no designar estadio antes de que comience el torneo. Se echa en falta un estadio nacional en el que jugar siempre. Se dice que el Real Madrid, dueño del estadio preferido, invita a su casa a quien le gusta y dice no a quien considera poco amigo. Hay coplas de todo tipo. Las últimas se refieren a las relaciones del Barça y el Athletic con el Madrid.

Barcelonistas y leones desean el campo madridista por dos razones fundamentales: tiene mayor capacidad como recinto neutral, en el que se debe jugar la final, y desde el punto de vista de transportes, distancia de ambas ciudades y todo tipo de infraestructuras, ofrece grandes ventajas. Por la capacidad del Bernabéu se pueden repartir más de 30.000 localidades para cada club. En Valencia, el billetaje total es de 52.000 espectadores, que restadas las que se queda la Federación, y el reparto para ambos contendientes, la cifra queda muy por debajo de lo que es el estadio del Madrid.

La alcaldesa madrileña, Ana Botella, desearía el Bernabéu porque los miles de visitantes dejan en la ciudad millones de euros. Rita Barberá está encantada con que sobre Valencia vuelvan a llover los dineros de las hinchadas. Según algunos expertos, en Madrid las hinchadas aportarían unos quince millones de euros. Jugar el sábado por la noche invita a pasar el fin de semana en la ciudad. En Valencia la cifra sería inferior dado que el número de viajeros no puede ser tan alto, pero sigue siendo importante.

Madrid fue sede obligada, salvo algunas excepciones, durante el franquismo. Entonces, ni siquiera se planteó el hecho de que finalista pudiera ser el Madrid. El club se mostraba ufano con albergar el mayor acontecimiento futbolístico del año porque, de entrada, percibía el dieciocho por ciento de los ingresos por ser anfitrión. Si jugaba, además, cobraba lo correspondiente al finalista. Un dirigente madridista me dijo un día, que el Madrid había sido monárquico con los reyes, republicano desde el 14 de abril del 31, franquista con el general y de nuevo monárquico con don Juan Carlos. "Tenga usted en cuenta", me dijo, "que el Madrid siempre está con el que manda". Y añadió: "la finales de copa nos han pagado fichas como la de Di Stefano".

Ahora, el Madrid es el club más rico del mundo y puede prescindir de los ingresos de la Copa. Su nueva negativa a albergar la final puede pasarle factura más adelante. Al Madrid no le gustó que el Atlético optara a ser sede finalista con el Calderón donde se jugaron algunos partidos. Fue durante la democracia cuando se llegó al acuerdo de que hubiera campo neutral. No obstante, el Atlético vendió sus derechos morales y jugó en el Bernabéu, la final de 2013. La de 2014 se jugó en Valencia entre el Madrid y el Barcelona que ganaron los madridistas. Corremos el peligro de que a partir de ahora nos topemos con la negativa de otros clubes si en la final ha de participar el Madrid. La paz empezará nunca.

La silbatina al Himno Nacional es argumento que tiene calado. Lo tiene más, sin embargo, que el Barça sea campeón en el Bernabéu y se tenga que oír su himno.

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