Tradicionalmente, el espacio del pentagrama ha estado reservado al género masculino. Pocas mujeres interpretes, escasas compositoras y ninguna directora de orquesta en el siglo XIX valenciano. Eso sí: muchas cantantes líricas por la demanda del repertorio. Antes y después del 36, contamos en Valencia con el protagonismo de Carmen Benimeli, Encarna Mus, Josefina Salvador, Josefina Robledo y más recientemente, las compositoras Sánchez Benimeli, López Artiga y Matilde Salvador.

En pleno siglo XIX, la historia les reservó su lugar a las hermanas Vicenta y Petra Tormo, arpistas reconocidas; a las pianistas Concepción Asenjo „alumna en París de la gran Bertha Marx„ y Consuelo de Rey, quien organizó la primera escuela de música para niñas pobres en Valencia sin olvidar a la violinista Adelina Domingo. Todas ellas desconocidas y sin referencias en las enciclopedias actuales.

Pero sin duda, la pianista y pedagoga Isabel Algarra Antón (Valencia 1903-Buñol 1987) destaca por lo injusto de su destino. Fue alumna aquí de Ramón Carpi y José Bellver y en Madrid de José Cubiles.

De adscripción republicana (su cuñado Vicente Lambies Grandes fue alcalde de Valencia de 1932 a 1934 y diputado electo en 1933), Algarra impartió clases en la Institución de Libre Enseñanza, fue solista con la Orquestas Ferroviaria y Clásica de Valencia y estrenó el Kozertstuck de Weber. Pero las represalias no se hicieron esperar en la postguerra y todo fueron las trabas para acceder a una cátedra en el Conservatorio de Valencia. Como en tantos otros casos, la única salida fue el exilio. Ese fue el precio por sus ideas. Así las cosas, el veterano López-Chavarri la avaló para obtener una cátedra en la Escuela Municipal de Musica Vicente Emilio Sojo de Caracas, donde pasó veinte años de su vida, formando nuevas generaciones de pianistas. Con la llegada de la democracia, regresó a Valencia. Muere a los 84 años pero su magisterio permanece con su mejor alumna, Victoria Alemany, hoy profesora del Conservatorio Superior de Valencia.