En los últimos días estamos asistiendo a una serie de declaraciones lamentables en las que se hace referencia, con poca fortuna, a lo sucedido en la cuenca del Ebro. No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que si en el Alto Ebro, en Cantabria, y en los valles pirenaicos, de donde le vienen al río los principales aportes, sucesivas nevadas habían acumulado espesores superiores en algunos casos a los dos metros algo acabaría pasando. No se trata, como ha dicho la señora ministra, de que el cambio climático haya provocado unas nevadas inusitadas ni de que el deshielo se haya adelantado y haya venido de golpe. Ha nevado mucho y no lo ha hecho sólo en las cotas superiores a los 1.500-2.000 metros sino que los espesores han sido muy grandes en cotas de apenas 700 metros, mucho más propensas a que las subidas de temperaturas y las precipitaciones moderadas provoquen un deshielo súbito. No hemos quedado en que ya no nevaba como antes, o eso es lo que nos ponían en la tele cuando entrevistaban a los paisanos, ¿por qué asustarse de este pedazo de nevada? El líder socialista dijo dos veces coño para preguntarse por qué no venía Rajoy a ver esta, según él, catástrofe natural. Las catástrofes son humanas y se dan cuando el hombre no gestiona bien el medio natural. Era un exabrupto calculado en plena campaña pero, sin vivir en el Ebro, yo supongo que a sus habitantes no les deben importar mucho estas visitas si no van acompañadas de soluciones a posteriori y, sobre todo, prevención a priori, porque esto se veía venir. Tanto se veía venir que, cuando estaba nevando con esa intensidad, ya se sabía que se resucitaría la demanda del trasvase del Ebro hacia las cuencas mediterráneas, como panacea frente a estas crecidas. Esa imagen del rio desbordado era una «provocación» en plena campaña, para decir que el agua que estaba vertiendo el Ebro en un día era suficiente para dar de beber a la ciudad de Valencia todo un año, o poner la foto del Ebro desbordado junto a la de los secos embalses mediterráneos. Todo resulta un poco nauseabundo, al menos se podrían haber esperado a que pasara lo peor para resucitar esta demanda olvidada. Luego, si alguien dice que con lo que vale el rescate a la banca se solucionarían los problemas económicos de los más desfavorecidos, le llamarán demagogo.