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Julio Monreal

Lotería aérea

Al final va a resultar que el premio gordo de la lotería de los aviones, la compañía irlandesa Ryanair, con solo dos destinos de vuelos regulares va a proporcionar al aeropuerto de Castelló la mitad de los viajeros previstos en los dos primeros años. Los operadores de Valencia y El Altet, y puede que Reus, estarán mirando de reojo hacia un incipiente competidor que nació como un capricho político en tiempos de burbuja, cuando parecía que iban a faltar aeródromos para traer a jóvenes y jubilados del norte de Europa a disfrutar del sol del Mediterráneo en apartamentos y campos de golf construidos especialmente para ellos.

Lo que un día fueron sus debilidades, hoy son sus fortalezas. Un aeropuerto que está fuera de la gestión de AENA no aplica sus tasas, y las pone en el precio más bajo de España, así que los de Ryanair, linces buscadores de low cost , han decidido apostar por las pistas de Vilanova de Alcolea para sus líneas a Bristol y Londres-Stansted sin ningún incentivo económico extra, según asegura el presidente de la Diputación de Castelló, Javier Moliner.

Los vuelos comenzarán en septiembre, pero para entonces esta nueva base de operaciones de la aerolínea irlandesa habrá generado ya algunos brotes de economía y vida colateral. Surgirá el autobús de transporte público, y taxis, y zonas para aparcar durante los viajes, y pisos y casas de compra o alquiler para los 60 nuevos empleados. Y si se consolida o amplía la actividad, hasta negocios hoteleros y turísticos podrán tomar nuevos bríos. Parece el cuento de la lechera. Es el que debió soñar Carlos Fabra cuando dio vida a un aeropuerto que ha permanecido demasiado tiempo sin aviones y como motivo de mofa dentro y fuera de la Comunitat Valenciana por culpa de la inversión excesiva e improductiva y por su propia culpa, la de quien manchó todos sus actos con el delito de no pagar impuestos. Es una lástima que una escultura de Ripollés le recuerde a la entrada del aeropuerto de Castelló.

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