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Julio Monreal

Empapados de corrupción

Nadie podrá decir ahora que los partidos huyen del debate de la corrupción. Ésta lo empapa todo en beneficio de las nuevas formaciones, receptoras del elector hastiado.

Si en el pasado alguien pudo acusar a los partidos contendientes de intentar tapar sus respectivos casos de corrupción cuando se acercaba la campaña electoral, habrá de reconocer ahora que no es el caso del prólogo de los comicios municipales y autonómicos del 24 de mayo. Las denuncias, incidencias y revelaciones de casos de corrupción, relacionados principalmente con el Partido Popular, que es el que gobierna todo por estos pagos desde hace más de 20 años, han empapado completamente la actualidad política. Las propuestas programáticas duran en el aire menos que un pastel a la puerta de un colegio, borradas del mapa por una sucesión de noticias sobre contratos ilegales, facturas falsas, grabaciones de gente contando en un coche dinero procedente de comisiones ilegales€

Investigar la corrupción, impedir que se produzca y borrar de la escena pública a sus responsables son tareas obligadas para los ciudadanos, los partidos, los jueces y todas las instituciones de una democracia. Sin embargo, el mantenimiento permanente de un caldo en el que todo es corrupción también provoca daños colaterales, y el primero es la quiebra de la confianza en el sistema y en sus protagonistas. Hay investigaciones con base y brindis lanzados al sol por oportunistas a la caza del titular cuyo resultado inmediato es el debilitamiento de la democracia y la pérdida de la fe en el oficio del político. O al menos del político actual. El ascenso de nuevas formaciones como Ciudadanos y Podemos tiene una de sus explicaciones aquí. Mientras Ignacio Blanco (EU) cumple con su obligación de denunciar lo que cree delito, como los pagos a Calatrava (pinchazo en hueso) o el caso Imelsa (acierto en la molla) los votantes piensan en entregar sus favores a partidos nuevos, sin pasado, en detrimento de los que viven hoy en ese sistema caldoso que se mira día a día en el espejo de los tribunales, en el que el propio Blanco juega un ingrato papel.

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