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José Sierra

Condenados a comerse el marrón

La Generalitat Valenciana ha iniciado la extracción de lixiviados en la Murada, en Orihuela. Se trata del líquido que exudan miles de toneladas de basura procedentes de Murcia y la Comunitat Valenciana depositada, muchas veces sin garantías e incluso ilegalmente, en un complejo de «agujeros negros» o vasos de vertedero perforados y explotados por el empresario Ángel Fenoll a ambos lados de la «frontera» entre ambas comunidades.

La conselleria de Medio Ambiente detectó en noviembre un afloramiento de lixiviados que, al parecer, procede de uno de los vertederos situado en Murcia, y que mana como una fuente de reconcentrado de basura en el lado valenciano tras cruzar la carretera CV-872 aprovechando una corriente natural de agua.

La Generalitat ha mandado un camión cuba y asumirá la retirada y el tratamiento en la depuradora de Crevillent de los lixiviados. Lo contaba ayer en una nota de prensa que rezumaba ese tono de cierto orgullo por el trabajo bien hecho. Parece lógico: había un problema, se busca una solución. Pero mirémoslo en perspectiva y con mirada de ciudadano. Resolver el problema de este manantial de mierda, con perdón, valdrá una pasta a todos los valencianos mientras los beneficios, durante décadas, los obtuvo un solo empresario y sus amigos. En un proceso todavía más largo y dilatado en el tiempo, cabe recordar lo que le costó a las administraciones «limpiar» de tóxicos los terrenos de la Cross donde ahora se sitúa la avenida de Francia en Valencia, aunque el inicio de aquella actividad industrial fue previo a la mayor sensibilidad por el medio ambiente.

Ahora existen procesos en marcha „L ´ Alcora, en Castelló, podría ser un ejemplo„, que acabarán provocando, dentro de unos años, además de graves problemas medioambientales, la siempre costosa respuesta de la Administración. En lugar de prevenir y/o atajar decididamente un problema medioambiental, se prefiere en ocasiones dejarlo correr. La contaminación no desaparece, a veces se oculta y siempre regresa. Sufrirla es cosa de todos y eliminarla también: lo pagamos con nuestros impuestos.

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