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La igualdad

Leo en una revista a la ex de Wert. Sí, ya sé, tengo que seleccionar. En su apartado ´Entre nosotras´ cuenta cómo se reencontró con una amiga argentina en Miami, donde acudieron a una reunión de la Fundación Eisenhower que es como Fudesem pero a la bestia. Echan una miradita por el mundo, seleccionan líderes que asoman la cabeza y los moldean a su gusto. El presidente actual no es otro que Colin Powell y, antes, se han sucedido en el cargo George H. W. Bush, Gerald Ford, Kissinger y Donald Rumsfel, con lo que es fácil imaginar para dónde te moldean. Pero Edurne Uriarte y Silvia, la argentina, en quienes se fijaron fue en la cerillera apostada a la puerta de la terraza en que cenaron. El mini body negro ajustadísimo y los taconazos provocaron una charla sobre lo penoso de que una mujer exhiba su cuerpo de esa forma para vender. La cena no debió ser relajada porque, a través de las portadas digitales, se fueron percatando de que la foto dominante era el apasionado beso con el que Juliana Awada obsequió en el escenario, con el oponente del debate electoral de cuerpo presente, a su marido, Mauricio Macri. A la autora del artículo la escena le pareció triste y, aunque el sondeo posterior entre paisanas de los besucones no abonó su tesis, propugna que la igualdad en el poder llegará cuando una candidata presidencial sea arrebatada así por un maromo quince años menor. El problema es que el número de la publicación en el que escribe dedica un porrón de páginas a un diseñador libanés que las pone como las pone en la pasarela y al desfile de lencería de Victoria´s Secret. Nuestro presi, que premió al «toro bravo que se crece en el castigo», o sea Wert, con un erasmus de lujo en París, podía haberle dicho adiós con uno de tornillo. Y a pesar de haberlo sufrido más que nosotros, no sé qué le habría parecido eso a su ex.

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