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El clamor de Rita

Ustedes saben que no tenía mucha devoción por Rita Barberá. Le escribía a menudo y no eran cartas de amor. Tracé una semblanza suya, la última o penúltima, para la revista gallega de Manuel Rivas „Luzes„ que se titulaba Rita y Medusa. Medusa es la negación del otro, la que petrifica aquello en lo que pone la mirada, porque está de más el que concurre ante su fuerza atávica. Sin embargo, deshonraría mi propia lucha (tan legítima como otra cualquiera) si en esta hora fúnebre, tan amable para deslizarse por el torrente de los lugares comunes y las condolencias exageradas, no intentase retratar al personaje, como es mi obligación. Fue una rival de talla, de las que a mi me gustan: aferrada, incansable, de rejón, relajo y risa fácil. Mi pésame a la familia.

Rita era perfectamente capaz de morirse „lo ha demostrado„ no para evitar enfrentarse a un tribunal, como algunos habrán deducido atropelladamente, sino por no ver archivada sin apelación su carrera triunfal en el escenario que quiso poseer por siempre: Valencia. Y siempre, en un humano, es un ratito. Era un producto capitalino de postguerra donde aún existía un sistema electoral que los más jóvenes ignoran, por suerte: la aclamación, la exaltación a la jefatura. Exaltación, por cierto, es un término sospechosamente vivo en la terminología fallera.

Rita hablaba de la ciudad como si se refiriera a una de sus vísceras, no a una sobrina o hija natural, no: algo mucho más hondo. La unión hipostática, el producto del lugar y el momento justos. Las urnas no son una barricada, sino un ejercicio dubitativo y solitario (por eso, a veces, tienen más mala leche que una riña con arma blanca): ¿cómo iban a revelarse contra un espécimen que unía ambición, desparpajo, astucia táctica y una colosal capacidad para situarse en el escenario de las fotos y atribuirse cosas en las que no había invertido ni una hora ni un céntimo? Valencia es como Teherán: un bazar con miles de tenderetes (y algún clérigo furioso), conservador y que pide orden y que les digan que lo hacen bien para, a su vez, elegir por aclamación.

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