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Valencia, capital por muerte súbita

Una visita real y un funeral. Justo la semana en que el president Ximo Puig reivindicaba en Madrid el fin de la España radial, Valencia concitó la atención capitalina. El óbito y la visita real han chocado en la agenda y merecen espacio en los telediarios pero, como siempre, por una catástrofe, un escándalo o una muerte. Valencia es visible cuando se ahoga o cuando se muere y la circunstancia merece que coincidan en tiempo y hora el Rey y el presidente del Gobierno. Quien se ha muerto súbitamente ha sido Rita Barberá. Ella era súbita, como su carácter y su liderazgo. El fallecimiento de la alcaldesa es uno de esos acontecimientos que condiciona la agenda de todo un país. No contribuiremos a engrosar los homenajes de plañidera ni el brutal asesinato digital o catódico. Ay compañeros. En la víspera el cómico líder le hacía una falla áspera a Barberá. Las teles difundían después -sin pudor- el trajín con la bolsa mortuoria, algo inédito.

Muertos en vida. No alimentaremos la conversación sobre sus ideas. La historia absolverá a la mayor figura política valenciana desde Blasco Ibáñez. Y los juicios sobre su trayectoria diferirán en función de la ideología. Va por barrios. La desaparición de Barberá se produce en un panorama tan particular que Rita no merece análisis ni hagiográficos ni denostativos. Así que quedémonos en el contexto. Lo primero que debe ocuparnos es el debate de cómo los medios tratamos a las personas imputadas por jueces desbordados -en ocasiones- que hocican ante el escrache. Mejor joder la vida a un inocente que soportar la presión. Justicia lenta, timorata, sumarios interminables, procesos tortuosos, jueces que se pasan los legajos como patatas calientes. Hay un pelotón de inocentes -mientras no se demuestre lo contrario- que dan al traste con sus vidas hasta que les devuelven la inocencia. A veces muy tarde.

El cómico. Horas antes de la muerte de Rita Barberá -seguramente cuando ya la acechaban sombríos pronósticos- el cómico líder montó una falla en prime time. Un retrato ácido -marca de la casa- y entreverado con el humor negro que suele manejar el artista. No en balde Rita pertenecía a su star system. El cómico -como la prensa en general, el arrabal de twitter que está rodeado de basura o los algunos representantes electos- no suelen arremeter contra el poderoso, ni el gobernante proteico, ni el líder vitaminado, ni el actor en la cumbre. Ni contra el empresario hegemónico ni los dueños de las grandes corporaciones -como la que le da de comer al cómico-. Se abalanzan sobre el individuo olvidado por la manada.

Los medios. La noche del martes el cómico lanzó todo su millonario cinismo para desmontar a una mujer mayor, investigada por la justicia, depauperada y abandonada por los suyos y cuestionada -cuando no agredida- permanentemente por los contrarios. El debate está en los medios. Los periodistas, el gremio, no deben frenarse en su rigor, faltaría más. Son la primera trinchera contra la cleptocracia. Pero hay una frontera entre la obligación deontológica, la denuncia y la crueldad innecesaria o el sensacionalismo. Muchos colegas cosifican a los protagonistas de sus crónicas. Las circunstancias de la muerte de la alcaldesa deberían abrir un auténtico proceso de reflexión sobre los juicios paralelos periodísticos y, también, sobre la falta de escrúpulos en la lucha partidaria.

Los políticos. Se ha instalado el relativismo moral y la democratización del dolor, la transgresión como deporte. El populismo, la popularización de la tecnología, la banalización de la justicia y los complejos convierten el escenario público en territorio comanche. La presión mediática y la circunstancia judicial han situado el fallecimiento de Barberá como paradigma de lo inconcebible. Como ha dicho Llamazares -poco sospechoso- la diferencia no puede estar reñida con la humanidad. Quienes se ausentaron de la investidura del Rey y reventaron el minuto de silencio de la alcaldesa, más que inmaduros, son gudaris de la nueva política, activistas y no representantes. Totalitarismo aterrador. Ay si mandaran. Se salva, entre tanto Savonarola, el alcalde Ribó. Quizás ya conocedor de cómo se las gasta la ciudad.

¿Y su partido? ¿De qué se lamenta el PP? Mariano Rajoy ha tenido a bien bajar a esta tierra -sólo viene a funerales o a mítines- para oírse las verdades en el tanatorio. Su amiga fallecida fue un personaje convertido en mito en vida del que acabó ella misma prisionera. Para estudiar su particular visión valencianista y el arraigo popular de su figura hará falta tiempo y politólogos sin secta. Quizás 24 años de alcaldesa sin preparar a tiempo un recambio potente y creíble fue demasiado. A su sombra no creció líder ni lideresa. Y en su partido fue más un contrapoder que frenaba liderazgos regionales que no le rindieran pleitesía. Con luces y sombras se va un fenómeno irrepetible hasta en su hegemonía.

PUIG DESUBICADO

España se escandaliza porque el PSOE pacta con el PNV pero a Puig nadie lo menta por gobernar con la Gossa Sorda. Curioso que Pedro Sánchez -que hoy viene a tierra de acogida- esté purgando por su compadreo nacionalista y que el Molt Honorable pueda defender en Madrid su Consell del Botànic. Nadie le tose y eso que Puig gobierna sin el control total. La pérdida de apoyos en su partido por participar en la defenestración de Sánchez ha sido mayor que la calculada. Lo que recibe es un agridulce respeto institucional porque ni los más críticos quieren poner en peligro lo importante que es la presidencia. Mientras, en las redes, importantes colectivos de su partido cuestionan su posición. Puig juega con la lealtad debida al líder y porfía porque el Congrés del PSPV se aleje en el tiempo al máximo. También a él le interesa que «la cosa se enfríe».

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