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La confianza

El dinero será enseguida una cosa de pobres. Vean, si no: Montoro acaba de anunciar que reforzará el control sobre los pagos en efectivo. El efectivo está muy mal visto. Si a usted le invitan a comer en un restaurante de nivel medio o medio alto y el anfitrión paga en metálico, mal asunto. Sin duda se trata de dinero negro. En los restaurantes caros se blanquea de este modo. Significa que el papel moneda, como el papel en general, tiene los días contados. Cuando solo lo usen los pobres, habrá llegado a la abstracción en un proceso semejante al de la pintura, incluso al de la literatura. El determinados ambientes, el realismo está muy mal visto y el papel moneda es muy realista, lo fue desde su nacimiento. Hubo épocas, no tan lejanas, en las que los billetes en circulación tenían que estar respaldados por oro u otros bienes tangibles. El respaldo del papel moneda, hoy, es la confianza o la fe, una fe de tintes religiosos. Eso es al menos lo que dicen los economistas. ¿Cabe mayor grado de abstracción?

Llevar dinero encima, dentro de nada, estigmatizará tanto como fumar. Pagaremos todo con movimientos rituales. A mí acaban de darme en el banco una tarjeta de la que ni siquiera es preciso saberse el pin, pues basta con pasarla por encima de la pantalla del datafono (o como se llame el aparato) para que la operación quede registrada. Te evitas de este modo tocar las teclas que acaba de pulsar otro ser humano y en las que quizá haya bacterias perjudiciales para la salud financiera. En los quirófanos hay un aparato llamado autoclave que sirve para esterilizar el instrumental. El modo de esterilizar la pasta es hacerla desaparecer, convertirla en una abstracción. De aquí a nada, solo se utilizará en los márgenes de la realidad y por las personas expulsadas del sistema, paradójicamente, por falta de dinero.

El proceso es sutil, pero imparable. ¿A quién no le da vergüenza contar billetes en público? Incluso cuando se cuenta en privado tiene uno la impresión de estar haciendo algo sucio, relacionado con alguna forma perversa de onanismo. No es lo mismo quedarse a solas con un fajo de billetes que con una Visa Oro, incluso una Visa normal. Yo, por si acaso, siempre llevo en la cartera dos billetes de 20 euros. ¿Por si acaso qué? Ni idea.

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