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Fracaso educativo

De las siete leyes de educación de la democracia, ninguna ha conseguido tapar los agujeros negros de un país que arroja cifras inquietantes de fracaso escolar. Todas ellas han estado rodeadas de polémicas y enfrentamientos sociales. Transferidas las competencias en esta materia a las comunidades, el conflicto todavía es mayor por las discrepancias entre el poder central y el autonómico. Distintos planes de estudio y de horas dedicadas a las mismas asignaturas hacen que no todos los españoles reciban la misma educación. Alumnos irrealizados, profesores desmotivados y despojados de autoridad, etcétera. El asunto se las trae.

Sólo por poner algunos ejemplos, la famosa Logse se convirtió nada más nacer en el epítome del fracaso educativo. Los gobiernos de Aznar trabajaron durante años en una ley que fue aprobada a finales de 2002 y suspendida a mediados de 2004, tras la victoria socialista. Ni siquiera llegó a aplicarse. Rajoy modificó la legislación de Zapatero de 2006 para poner en marcha la ley Wert que desde el primer momento tuvo el rechazo frontal de la mayoría de las organizaciones políticas y sociales. La media de vida de las leyes de educación en España es de seis años y así no hay forma de consolidar los sistemas educativos, algo que hace a este país muy diferente de otros de su ámbito geográfico y social.

En estos momentos le llega la hora a la Lomce que el Gobierno ha decidido sustituir por otra debido a la presión de los partidos. ¿Significa esto que nos encaminamos hacia un pacto nacional por la educación? Conviene que no se hagan demasiadas ilusiones: el diálogo, los grandes acuerdos sobre los grandes asuntos de Estado, y la educación es el mayor de todos, no es algo que caracterice a nuestros políticos.

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