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Matías Vallés

Solo «Markel» podía hacer este trabajo

Durante su otoño en la cancillería, Helmut Kohl preguntaba a menudo a sus visitantes: «¿Qué otra persona podría hacer este trabajo?». Pese a la convicción implícita, fue desalojado después de 16 años. Su sucesora entre los democristianos alemanes ha heredado el interrogante. Angela Merkel también ha respondido «nadie», así que volverá a presentarse para obtener el mandato que garantizaría su acceso al rango de líder providencial.

Había más resignación que entusiasmo en la rueda de prensa de la anunciación de Merkel. Los periodistas querían arrancarle el papel fundamental desempeñado por Barack Obama para inclinar su voluntad. La cancillera que aspira a superar a Konrad Adenauer y a igualar a Kohl no desveló las claves de una decisión triste, vacilaba al borde del aturdimiento. Respondía con su paternalismo maternal. ¿Quién, si no?

Merkel es Markel, el regreso del marco como valor refugio. Obama ha doblegado su resistencia con el argumento de que el planeta necesitará un factor estabilizador, cuando se celebre la primera cumbre entre Donald Trump, Vladimir Putin y Marine Le Pen. La CDU retrocede ante la pujante y racial Alternativa por Alemania, pero los socialdemócratas del SPD han pagado un precio más alto por su entreguismo (un guiño a Susana Díaz). La cancillera tiene menos obstáculos a la izquierda que con su socio bávaro Horst Seehoffer, hostil a la política migratoria de Berlín.

La cancillera ha tenido la fortuna de no someterse a primarias, a diferencia de su correligionario Nicolas Sarkozy. En cuanto se concede una oportunidad a los votantes, se lanzan a dentelladas contra la ortodoxia. No distinguen entre la esposa de Bill Clinton y el esposo de Carla Bruni. La estratosférica participación de cuatro millones de franceses demuestra que la posibilidad de oponerse a lo convencional disipa la fatiga de las urnas. Por utilizar el lema de la gestora del PSOE, prohibido consultar a los militantes.

Al igual que sucede en Alemania, también Francia busca a la derecha una alternativa para frenar a la ultraderecha dominante. La izquierda sigue en proceso de hibernación en el núcleo europeo, acogida como refugiada en partidos conservadores para disimular su debilidad. Han declinado los tiempos en que Clinton o Sarkozy eran apellidos sagrados, hoy muestran la volatilidad caprichosa de los ídolos juveniles. Markel prefirió no someterse al veredicto siempre desagradable de las propias huestes. Si has de sufrir una derrota, que sea a manos del enemigo exterior.

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