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Senadora fallecida: el solar de la Generalitat y el coraje de Puig

La Generalitat Valenciana (GV) era y es un auténtico solar con minas que todavía no han terminado de explotar, que lo harán con perdidas de millones de euros de una arcas exhaustas. En el plazo de semanas van a oírse detonaciones de violencia creciente: la anulación judicial del ERE de RTVV; las consecuencias de haber confundido el ferrocarril Valencia-Barcelona con el corredor mediterráneo que se ha dejado en manos de una empresa ADIF tan quebrada como la propia GV; los costes reales de la deseada por todos reversión del modelo Alzira sin que se sepa cómo resolver todas y cada una de las contradicciones que va a suponer tener que absorber en un organismo público una plantilla proveniente de una empresa privada; la falta de solidaridad de otras Comunidades Autónomas (CCAA) con nuestra Comunitat que, en el límite de la soledad y de la desesperación, puede llevarnos a plantear un Valexit, con un modelo próximo al de «Espanya ens roba».

El actual Consell empezó a trabajar hace dieciocho meses con la mejor de las voluntades pero también con una ignorancia, poco menos que culposa, sobre la aridez del actual solar arrasado por la suma de la crisis y de las inmoralidades de la época ZOC (Zaplana-Olivas-Camps) a quienes tan alegremente adjudico mayorías absolutas el pueblo valenciano. Uno ha tenido la osadía de insistir durante demasiados meses en cuestiones, inevitablemente impopulares, como la deuda que se había generado e incluso a calificar el acuerdo del Botànic como un pacto sobre la nada financiera y en esta línea sugerir la devolución de competencias por parte del Consell. Para los que se han burlado de este tipo de estúpida cruzada personal, a estas alturas solo cabe pedirles perdón entendiendo que están plenamente disculpados por sus chanzas, mas o menos hirientes. Alguien tenía que hacer de pepito grillo, de mosca cojonera o de como lo quieran calificar. Sirve de poco consuelo decir que tenía razón. Ahora nadie que tenga un mínimo rigor intelectual puede negar que en el solar de la Generalitat Valenciana todavía no se puede construir y que el Valexit va a ir tomando cuerpo. Dicho lo anterior, desde la mas radical discrepancia democrática, ha llegado el momento de proclamar el coraje del equipo del President para seguir adelante.

En el entorno de la GV han pasado muchas cosas que no se explican con una simple posición victimista. Han sido valencianos y no forasteros los que aceptaron el modelo de financiación, los que no supieron negociar el corredor mediterráneo, los que montaron un monstruo televisivo en Burjassot, los que construyeron la Ciudad de la Luz, el Aeropuerto de Castelló, la Feria de Muestras y tantas otras cosas. Quienes lo hicieron fueron cuando menos unos incompetentes, pero son nuestros incompetentes. Puig ha decidido seguir adelante con este solar destrozado y solo queda aceptarlo como solidaridad de bien nacidos. El President tiene razón cuando pide una reacción ante el descenso reputacional que los valencianos experimentamos al leer la prensa, presentarnos a otros o viajando al extranjero.

Con el asco profundo que las palabras de Pablo Iglesias y de twiteros anónimos y cobarde que hemos aguantado, hay que observar la situación de la GV en estos días posteriores al fallecimiento del personaje radical y contradictoriamente valenciano que fue Rita Barbera.

Como apuntaba el sábado Enric Juliana, la firma del acuerdo entre el PP y Ciudadanos intentando dar una respuesta a la corrupción vivida, que recuerda la Italia de los años noventa, tenía como primer jalón a la exalcaldesa. Su paso por el juzgado se iba a producir pocos días después de una promesa relativa a que los políticos van a cambiar y que todavía necesita muchas otras confirmaciones para que resulte creíble para la ciudadanía. El fallo cardiaco de esta mujer en la frialdad de un hotel madrileño puede tener un efecto secundario en forma de un servicio ciudadano que ella no podía imaginar.

La situación de la GV es tan seria que en buena lógica precisa de algo parecido a un gobierno de coalición lo mas sólido posible, ya que en los próximos meses la autonomía valenciana puede jugarse su propia existencia. Con la desaparición de Rita Barbera no se borran los desmanes vividos, pero si se da una circunstancia para intentar un acto de dialogo profundo. En el limite con la candidez, hay que pensar que no fue casual que el actual PP valenciano no estuviera el tanatorio, ni que Rajoy reconociera errores que ha sido incapaz de explicar «Luis (Barcenas) se fuerte». Las posibilidades de negociar, tanto con el estado como con el resto de CCAA, una subsistencia financiera de la GV, son mucho mayores en un marco de concentración y de solidaridad que en propio de una determinada mayoría. Es un dato que las reacciones habidas ante el fallecimiento de la exalcaldesa han sido en nuestros políticos mucho mas elegantes y civilizadas que las que otros, del PP y de Podemos, han ejercido en la villa y corte. Tragarse sapos es una obligación de todo político con coraje.

Aunque sea duro aceptarlo y en algunos aspectos pueda rozar el cinismo, hay que afirmar que tras el fallecimiento de la exalcaldesa habrá que aceptar que la dilución, que su imagen con su forma alocada de tomar decisiones y de una determinada manera de ejercer las mayorías absolutas, da un juego que antes no existía. Quizás convendría que aquellos que tienen la responsabilidad de gobernarnos se planteen una especie de convergencia que pueda actuar como motor para que la GV pueda tener una cierta continuidad.

La GV en algún momento deberá dejar de ser el actual solar que sufrimos. Ximo Puig ha demostrado un coraje que merece el mejor de los apoyos y quizás la insospechada marcha de Rita de unas oportunidad para que haya un rayo de esperanza. El director de Levante-EMV la despedía como un juguete roto («Ojalá haya un buen guisqui allá donde vaya»). A veces los juguetes sirven para cosas inesperadas.

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