22 de diciembre de 2016
22.12.2016

¿Qué es ser auténtico en política?

22.12.2016 | 04:15
¿Qué es ser auténtico en política?

Ensayo. El Premio Anagrama de ensayo equipara fascismo, comunismo y populismo desde un argumento histórico en «Estudios del malestar».

José Luis Pardo, catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, es Premio Nacional de Ensayo (La regla del juego, 2005) y también Premio Anagrama de Ensayo (2016). Buen conocedor de Deleuze, en Estudios del malestar. Políticas de la autenticidad en las sociedades contemporáneas hace uso de una distinción del pensador francés: «Hay dos tipos de filósofos, los retratistas y los paisajistas». Los detalles son importantes, para el primero; para el segundo, la panorámica es lo fundamental.

En este sentido, el autor de Estudios del malestar confiesa que «me di cuenta hace años de que soy paisajista». Y confiesa que siendo necesarias entonces de vez en cuando las caricaturas, pide disculpas de antemano. Pero está claro que a los seis componentes del jurado del Premio Anagrama de Ensayo les ha gustado el cuadro resultante.

El ensayo está bien escrito, para ser fácilmente legible, sin abusar de párrafos densos, aunque no escasea la erudición y por momentos alcanza brillantez argumental. Literariamente tiene talento. ¿Filosóficamente? Entre los colores que vemos en el paisaje encontramos un fondo escéptico, con alguna bruma nihilista (que quizá está disipándose, no sé), y una luz liberal en su sentido metapolítico: ¡la libertad!, ¿quién no la asienta como valor filosófico?

Nos recuerda Pardo que para Hegel las guerras siempre las han ganado los buenos „ser bueno es coincidir con la «razón histórica»„ mientras que para Marx las guerras siempre las han ganado los malos y que la única guerra buena será la revolución capaz de abocar en una sociedad justa. He aquí una primera disyuntiva, ser hegeliano o marxista. Sin embargo, ambos están alineados entre los que entienden la política como el arte de la guerra „en la línea de Calicles (contrapuesto a Sócrates), Maquiavelo, Nietzsche, Lenin o Foucault„ a una valoración no solo necesaria sino positiva elevan la guerra Schmitt y Jünger... Frente a estos, los que prefieren enfocar la política como el arte del derecho y de la paz, en la deriva que lleva de Sócrates a los contractualistas, a Rousseau, Kant, Rawls y Habermas. Así que hay que seguir clarificando y decidir si la política ha de concebirse al modo de los realistas políticos (la guerra prima) o a la manera de los idealistas políticos (el derecho es el principio fundamental).

Revisando qué ha pasado en la Segunda Guerra Mundial establece que fue una contienda entre fascismo y comunismo. Segunda alternativa: ¿prefiere usted pecar de fascista o de comunista estalinista? Esta opción sí puede ser superada, según Pardo, porque fascismo y comunismo coinciden en lo esencial: ambos son totalitarios, a pesar de todas las matizaciones que filósofos izquierdistas tratan de introducir, como Nancy, Morin, Pettit (con su teoría de la libertad), Badiou (con su diferencia entre el comunismo trascendente y el empírico) o Laclau (con su teoría del populismo).

En la política contemporánea existe otra distinción que se quiere hacer pasar por buena sin serlo, según Pardo. Existen los «auténticos», los que buscan de verdad el bien común, los liberadores, los solidarios„según el discurso de la izquierda al uso„ y los inauténticos y farsantes. Sin embargo, y esta parece ser la tesis fuerte del libro, a la luz de las inoperancias demostradas tanto por la filosofía política idealista „insuficiente porque el derecho siempre se supedita a la guerra„ como, segundo, por los regímenes que han intentado cambiar el Estado moderno que nace en Europa en el siglo XVII, ya sea llevándolo hacia el fascismo ya hacia el comunismo, no queda sino aprender de la historia y hacer un buen diagnóstico de la política del presente, en la que se constataría que el populismo enlaza históricamente con ese comunismo ya derrotado y que pretende presentarse como la política auténtica. La prueba que se exhibe es que el movimiento 15M no duda en acogerse a la filosofía política de Ernesto Laclau guiada por tres principios: 1) fabrícate un buen enemigo, 2) haz muchos amigos frente a ese enemigo y 3) recuerda que el mantenimiento de la hegemonía es tan importante que ha de primar sobre la verdad.

Y pregunto yo: ¿no vale esta simplificación para toda forma de ideología política, más si ya ha alcanzado el poder? Personalmente doy fe de que el filósofo madrileño cumplió su promesa cuando anunció que no tendría otra opción que echar mano de caricaturas. Pero no nos previno sobre la necesidad de llevar a cabo saltos argumentales „en ese paisaje prometido„ trenzados sobre paralelismos que sólo se mantienen literariamente „es decir sobre resonancias de palabras que tienen alguna consonancia„ pero no filosóficamente, o sea, con un suficiente análisis exhaustivo de las ideas en conflicto.

Es un libro que está llamado a ser leído, para estar al día de los cursos políticos de ideas más actuales. Por eso, cada lector „con su ideología a cuestas„ valorará sus virtudes o sus insuficiencias. Yo, como ojeador adelantado en tierra comanche, prevengo que he visto no pocos saltos argumentales y que he echado en falta someter al juicio de las ideas también la política fáctica, la que ha acompañado en los dos últimos siglos ese Estado moderno en el que navegamos „¿a la deriva?, ¿por buen rumbo?„ que para el profesor Pardo «es justamente lo que hemos dado en llamar "el liberalismo", que no es una teoría filosófico-política que tuviera que medirse con otras doctrinas (socialismo, fascismo, etc.) en el tribunal de la razón, sino un conjunto de discursos, aporías y reflexiones que intentan comprender y cimentar racionalmente ese estado político en el que nos hallamos». Y sería ese liberalismo, al parecer, el que ha de mantener el equilibrio frente a esas otras doctrinas que pretenden fundar otra comunidad política.

Si lo entiendo bien, ¿está proponiendo Pardo para nuestro siglo presente una profundización y mejora del único sistema realmente vigente (especie de «laissez faire, laissez passer» redivivo) para no caer en las trampas de cualquier solución extraña, tan antagónicas entre sí como idénticamente falsarias?

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