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Matías Vallés

Si se fuga, me pongo en su sitio

Perdón, pero el fiscal superior de Balears ha expresado su convicción sin ningún apoyo factual de que Iñaki Urdangarin no se fugará. Hasta ahora, los expertos en fugas eran quienes se habían fugado muchas veces, pero el caso Infanta ha destapado extrañas disciplinas legales. Les pido disculpas a tantos egregios juristas que garantizan que el presunto delincuente no tomará las de Villadiego, pero su defensa de las virtudes del exduque sería más creíble con otro enunciado más avalista. «Si Urdangarin se fuga, me ofrezco a ocupar su lugar». Excusen la crudeza pero, como dicen los americanos, pon el dinero donde pones la lengua.

La fuga siempre sorprende, de lo contrario se llama viaje organizado. Que los expertos me disculpen, pero ni Urdangarin puede responder a la pregunta sobre su eventual huida. Desde la misma fonética, una fuga es imprevisible, incluso para la inteligencia y preparación envidiables de un fiscal superior. Ningún funcionario ha dicho jamás de alguien que «ya sabía que se fugaría» porque, y perdonen de nuevo mi lenguaje, quedaría como un incompetente. En cambio, los teóricos reconocen que la huida ocupa la mitad del alma humana en situaciones de conflicto. Deben andar equivocados, la sentencia del caso Infanta nos ha obligado a replantearnos tantas cosas.

Ya me disculparán pero, la alabanza implícita a un Urdangarin que no se fugará a diferencia de los plebeyos, exhibe la fábrica del caso Infanta. Una vez absuelta, Cristina de Borbón, la Fiscalía emprende la absolución de Urdangarin, caballero ejemplar que no dará la espalda a su destino. En la primera semana de sentencia solo fuimos condenados a pedir perdón a la hermana del rey, ahora también hemos de solicitar clemencia de Urdangarin. Si me toleran otro exabrupto, alguien se está excediendo en un entusiasmo defensivo que acaba dañando a la Corona. Aparte de que el condenado ya se fugó, en concreto a Suiza. Por mí, puede quedarse allí. Me parecería más apropiado que se le prohibiera regresar al país que ultrajó. Con perdón, claro.

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