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La paridad resulta incómoda

Si el principio de acuerdo alcanzado ayer entre los partidos no se tuerce, más pronto que tarde el Jurídic Consultiu se habrá renovado y Margarita Soler accederá a la presidencia. Será la primera vez que una mujer dirija este organismo, y cabrá felicitarse, máxime en una legislatura en la que, a pesar de la llegada de la izquierda, siguen las resistencias para que las mujeres accedan a los puestos más altos. Basta echar un vistazo por los principales cargos institucionales para evidenciar que lo de Soler será una anomalía en un mundo en el que ellos siguen al mando. El Jurídic tendrá una presidenta gracias, es verdad,a la decisión del presidente Puig, pero el órgano no será paritario: dos féminas frente a cuatro hombres ya que las tres sillas que se repartirán Cs, PP y Podemos tienen dueño. Ayer, alguien dejó caer en las Corts que el PP podría lograr que Compromís votara su candidato si éste cambiaba por una mujer. Con desparpajo en un corrillo con periodistas Bonig argumentó fueran los otros quienes garantizaran la paridad: «Yo no creo en las cuotas», comentó. El feminismo podría dar a la popular razones y pruebas de que sin cuotas vencer la dinámica del patriarcado resulta complicado, pero nadie podría echarle en cara que sea incoherente. Hace unas semanas, desde el tripartito, también se le insinuó a Ciudadanos que podría quedarse con dos puestos si uno de ellos era para una mujer. Y es aquí donde la izquierda debería reflexionar. Si, como ocurrió con la Mesa de las Corts, se cae en las cuestiones de género a posteriori y, además, se confía en los demás para cumplir, es que aún se está lejos derrumbar la masculinidad hegemónica, la que conduce a que ellos piensen en ellos cuando les toca elegir.

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