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La primera «it girl»

No es un fenómeno de nuestro tiempo, por mucho que se hayan divulgado nombres como Olivia Palermo, Kendall Jenner, Alexa Chung y otras más. Las it girl, entendida como una joven capaz de encandilar a las masas por su atractivo especial y su personal modo de vestir, tuvo sus antecedentes en algunas estrellas de cine mudo y, más adelante, en figuras de la alta sociedad del siglo pasado. Pero se remonta a más lejos: a la que podría considerarse fundadora del género, que ha sido calificada como primer icono moderno: Cléo de Mérode, la mujer que hizo célebre su peinado, su cintura inverosímil y sus trajes oscuros diseñados por Doucet, el modisto que coleccionaba obras de arte.

Fue la fotografía que, a finales del siglo XIX, despegaba como novedad apasionante, el principal vehículo de su fama. Cleópatre Diane de Mérode, hija secreta de un fugaz idilio de aristócratas vieneses, nació en París, donde su madre -segregada de la familia- se instaló. Era 1875 y su imagen bellísima fue captada, desde la infancia, por solventes estudios fotográficos de la época, entre ellos Nadar, Reutlinger, y ya en su vejez, por el célebre Cecil Beaton. Cléo, desde niña en el Ballet de la Ópera de París y más adelante en revistas del Folies Bergére, no llegó a ser una gran artista, pero sí distinta a todas las demás. Su opulenta cabelera, alisada y partida en dos bandeaux, iba contra corriente a los peinados abultados de entonces; sus trajes negros de mangas farol contrastaban con los atuendos recargados en boga; su elegante porte era proverbial. Pero fueron sus fotografías, que los autores comercializaban en forma de postales sueltas o agrupadas en álbumes como Panorama, la difusión eficaz de su imagen, admirada e imitada a escala internacional.

La aventura de Cleó de Mérode con el anciano rey Leopoldo II de Bélgica y la escultura de Alexandre Falguière que la representaba desnuda (aunque ella siempre sostuvo que solo había posado para la cabeza) aumentaron su populariddad. Muchos artistas la retrataron, entre ellos el gran pintor valenciano Manuel Benedito. Y otro español, el diplomático y escultor Luis de Perinat, alumno de Mariano Benlliure, fue al parecer su gran amor durante quince años, contribuyendo a fijar definitivamente su imagen, que plasmó en varios bustos y, singularmente, en una evocadora estatua para la tumba de su madre, en la que también fue enterrada la propia Cléo al morir, en 1966, a los 91 años, tras haber publicado sus memorias, Le ballet de ma vie, en 1955. Queda su leyenda... y el recuerdo de la multitud de mujeres que a comienzos del siglo XX se peinaban a lo Cléo e intentaban imitar el estilo de aquella primera it girl.

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