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Exoplanetas, allá vamos

Los astrofísicos han hallado un sistema solar con un grupo de planetas cuyas dimensiones y condiciones, parecidas a las terrestres, hacen suponer que podrían contener o aceptar la vida tal y como la conocemos. Lo que, dándole a la imaginación, permite aventurar varias cosas. Una: que no estamos solos en el Universo, lo que, extrapolando un montón, vendría a dar la razón a los conspiranoicos de los ovnis ocultados por los gobiernos. Dos: que si nosotros podemos detectar que ellos pueden estar ahí, ellos pueden detectar que nosotros podemos estar aquí, lo que también viene a dar la razón a los ovnífilos u ovnianos. Y tres: que el día en que logremos convertir la Tierra en inhabitable para nuestra especie, ya tenemos a donde ir.

Eso sí: el viaje va a tardar lo suyo. El sistema se encuentra a 40 años luz, lo que significa que con el AVE a máxima velocidad comercial tardaríamos unos 1.234 millones de años. En avión de línea regular, la mitad. Habría que fabricar naves capaces de viajar efectivamente a la velocidad de la luz, y aquí los científicos nos dan noticias buenas y malas. Las buenas: a dicha velocidad envejecemos más despacio, lo que es positivo para crear una colonia de humanos jóvenes y capaces de poblar su nuevo hogar. Las malas: pasa alguna cosa fea con la radiación ionizante, y los expedicionarios morirían por el camino. Vaya por Dios. Parece que deberemos esperar a que sea factible la teletransportación al estilo Star Trek.

Cabe suponer que unos hipotéticos seres vivos e inteligentes como nosotros (ejem) de aquellos planetas se enfrentaran a parecidas dificultades para hacer el trayecto inverso. Es decir, si han detectado la Tierra son sus telescopios y se han planteado viajar a ella cuando consigan destruir su medio ambiente, estarán exigiendo a sus científicos que apliquen lo cuántico a las grandes masas y, hala, a teletransportarse por lotes familiares. Más les vale llegar antes de que nosotros hayamos quemado el último bosque. O que nosotros lleguemos antes de que ellos hayan hecho lo propio.

Y ahora, en serio: ¿Por qué prestamos tanta atención a la existencia de planetas semejantes al nuestro que se hallan a una distancia inalcanzable? ¿Por qué nos parece tan importante como el descubrimiento del remedio para una grave enfermedad, o más? Me imagino que es porqué así nos sentimos colectivamente sabios y poderosos, aunque cada uno, por separado, se sienta débil e ignorante.

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