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Pacto fáustico

Todo lo que se lee o se escucha sobre el principal estratega del presidente Donald Trump, con asiento reservado en el Consejo de Seguridad Nacional, no podría resultar más preocupante. Hay quienes califican a Steve Bannon el Rasputín de la Casa Blanca. Otros se refieren a él como Mefistófeles y aluden a un «pacto fáustico» de los republicanos que les saldrá muy caro. Dicen que un día, cuando tal vez sea demasiado tarde, se darán cuenta de que para conseguir su victoria vendieron su alma al diablo.

Si hay quien pensaba que, colmada su ambición de llegar a la presidencia de Estados Unidos, Trump se daría por satisfecho y entraría finalmente en razón, se equivocaron de cabo a rabo. La presencia a su lado de un personaje de la trayectoria siniestra de Bannon sólo puede provocar inquietud en cualquier demócrata si se atiende a declaraciones suyas que vamos conociendo gracias a los propios medios estadounidenses. Se dice que Trump no es sino una criatura de Bannon, quien el pasado verano declaró a la revista Vanity Fair que el multimillonario era sólo un «instrumento en nuestras manos», en referencia a la derecha extrema del Tea Party.

El historiador Ronald Radosh cuenta una visita que hizo en noviembre de 2013 a Bannon, que dirigía por aquel entonces el portal digital de noticias y opiniones Breitbart News, de claro signo ultraderechista. Según Radosh, el también multimillonario Bannon le confesó su admiración por Lenin y le explicó que igual que el líder bolchevique, él aspiraba a «destruir el Estado y acabar con el ´establishment´».

Existe el vídeo de un discurso de casi media hora del católico Bannon pronunciado ante representantes de la derecha religiosa europea en el que habla de «la crisis de nuestra Iglesia, de nuestra fe y del capitalismo». En él advierte Bannon del peligro de «secularización» y lamenta que los jóvenes no crean ya en nada, además de apuntar al peligro que representa el islam: «Estamos en guerra contra el fascismo islámico».

Según Bannon, se necesita «un levantamiento popular para combatir a Wall Street y al islam, un movimiento como el partido UKIP», el impulsor de ese brexit que tanto parece gustar a Trump porque ve en él el principio del fin de su detestada Unión Europea. Lo primero, lo de combatir a Wall Street, no parece nada verosímil dada la incorporación al Gobierno de excolaboradores de Goldman Sachs, el banco de todas las salsas, y su promesa de liberalizar aún más al sector financiero.

Ken Gude, experto en temas de seguridad nacional del Center for American Progress, de Washington, citado por el semanario alemán Der Spiegel, considera muy peligrosa la toma del poder por parte de Trump y la camarilla que le rodea. «Un pequeño círculo en torno a Trump y Bannon lo decide todo con exclusión de los miembros destacados del Gobierno, a quienes ni siquiera se les informa de las decisiones que adoptan», algo que no había ocurrido nunca antes, afirma Gude.

Al escritor estadounidense Dave Eggers lo que ocurre actualmente en Washington le recuerda la novela distópica Eso no puede pasar aquí, de su compatriota y premio Nobel Sinclair Lewis. Publicada en los años treinta, en pleno apogeo de los fascismos europeos, la novela muestra con crudeza la toma del poder en Estados Unidos por un grupo de fascistas disfrazados de demócratas. En los Estados Unidos de Donald Trump no hacen falta ya camisas pardas o negras como en tiempos de Hitler o Mussolini: los tiempos son otros y también los métodos. Pero el peligro es el mismo.

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