Escribe María José Medina, en Levante-EMV del pasado 6 de marzo, que ideología, según la RAE, es «un conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político».

Presumo que la definición de la RAE más bien se refiere al hecho de que todos tenemos convicciones fundamentales: teóricas (epistemología) y prácticas (ética). Si no se tienen ideas, lo que resulta es un irracionalismo o bien una amoralidad, pues no se cuenta con principios lógicos y morales. Solo quedaría la afectividad como conformadora de la personalidad. Por tanto, se puede concluir que esa definición no afecta a lo que, en lenguaje común, se considera ideología, sino que es más bien una definición de carácter amplio.

Pero vayamos al núcleo de la cuestión. Definiría una ideología como aquel sistema de pensamiento clausurado: de unos principios simples omniabarcantes se extraen conclusiones de futuro delimitado. Por ejemplo, el marxismo indica que el motor de la historia es la lucha de clases por el control de los medios de producción (punto de partida) y que eliminando toda propiedad privada lograremos una sociedad sin clases donde cada cual dispondría de los bienes necesarios y justos para el desarrollo vital y social, sería feliz (punto de llegada).

Como se comprueba, todas las ideologías concluyen con el advenimiento de un paraíso terrenal y el fin de la historia en una plenitud de felicidad. Es decir, en el análisis del presente ya está contenido el futuro, «científicamente demostrado». En el caso, por ejemplo, del nazismo, el principio del que se parte es la superioridad de la raza aria, ejemplo científico del superhombre (¡ay, Nietzsche!) como impulsor de la historia, según el cual todas las demás han de estar supeditadas y algunas eliminadas (holocausto, débiles, etcétera) para llegar al pleno desarrollo del mundo avanzado y a la eugenesia perfecta que dará la plenitud de la felicidad a la raza aria. Podría seguir, pero, cualquier filósofo sabe a qué me estoy refiriendo.

¿Por qué la ideología de género es una ideología, y no una simple perspectiva? Porque parte de un principio omnicomprensivo y sencillo (una cosmovisión): no estamos abocados a la naturaleza (physis, que en griego significa lo que está dado), sino que hemos de transformarla de manera científico-técnica para conseguir el mundo feliz; la historia nos demuestra que el sexo biológico ha contribuido a la explotación de la mujer por parte del hombre y hay que desmontarlo, a través de un constructo cultural, para conseguir la igualdad. Y aunque uno nazca con un sexo -que es binario- este hecho no puede condicionarle. El género está por encima, y es cultural. De modo que las manifestaciones de felicidad serán tan variadas como se quieran, de acuerdo con mi libertad de elección, que naturalmente puede variar a lo largo de mi biografía.

La cuestión es que toda ideología es siempre un sistema clausurado y, por tanto, es muy difícil desmontarlo, salvo que se abjure de los principios; y además, desde el exterior, es siempre inatacable. Naturalmente sus seguidores son inasequibles al desaliento, y si los efectos de sus postulados se achichonan con la realidad, peor para ésta.