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Gracias

Las mujeres apenas existimos en los libros de texto, los callejeros de las ciudades o la historia oficial. Tampoco se nos ve mucho por los consejos de administración, ni en las reuniones donde se reúnen las personas importantes para hacerse la foto de personas importantes. Nuestra presencia en las páginas de los periódicos es mínima y a menudo se limita a dos figuras: la víctima o el reclamo vistoso. Sin embargo, aquí seguimos. Y nunca está de más dar gracias a las que llegaron antes que nosotras y a las que hoy mismo siguen provocando explosiones para que podamos avanzar por caminos más anchos.

Me dejo millones de nombres fuera de esta lista, pero el espacio es limitado. Allá vamos. Gracias a Alejandra Pizarnik, Angela Davis, Cristina García Rodero y Chimamanda Ngozi Adichie. Gracias también a Flora Tristán, Gerda Taro, Betty Friedan y Barbara McClintock. Gracias a Mercedes Sosa y Marina Abramovic. Gracias a mi mamá (que es la mejor del Universo). Gracias a Rebecca Solnit y Rosalía de Castro. Gracias a Brigitte Vasallo, Berta García Faet, Belén Gopegui y Aloma. Gracias también a Asa Larsson, Barbara Ehrenreich, Celia, Buchi Emecheta y Ada Lovelace.

Gracias a Audre Lorde, Berta Cáceres, Carmen Laforet, Charlotte Brontë, Maruja Torres y Dorothea Lange. Gracias a todas mis maestras. Gracias a Beatrix Potter (la primera escritora de la que tuve constancia en mi niñez), Caitlin Moran y Chavela Vargas.

Gracias a Camille Claudel, Clara Campoamor, Emilia Pardo Bazán y Emmy Noether. Gracias también a Chun Sue, Daria Morgendorffer, Emily Dickinson y Frida Kahlo. Gracias a las maravillosas chifladas de Reductress. Gracias a Virginie Despentes, Simone de Beauvoir, Susan Sontag, Patti Samith y Rosalind Franklin.

Gracias a Gloria Anzaldua, Hannah Arendt, Judith Butler, Julieta Paredes y Hermione Granger (la bruja más inteligente de todos los tiempos). Gracias también a Federica Montseny, Gloria Fuertes, Cat Power y Elena Medel. Gracias a Lise Meitner, Leymah Gbowee, Matilda, Virginia Woolf, Violeta Parra y Maria Mercè Marçal.

Gracias también a Idea Vilariño, Isa Calderón, Jo March, Mary Wollstonecraft, Malalai Joya, Nina Simone y Janis Joplin. Gracias a Las Kellys, que tantas ampollas son capaces de levantar en su lucha por la dignidad. Gracias, por supuesto, a Jane Austen, Lelisle Knope, Nellie Bly, Margarita Salas, Olympe de Gouges, Sylvia Plath, Naomi Klein y Olga Rodríguez.

Gracias a Jocelyn Bell, María Moliner, Jane Eyre, Marjane Satrapi. Gracias a las redactoras de Píkara y a Mercè Rodoreda. Gracias a Mary Lyon, Lizzy Bennet, Katherine Hepbun, Sofia Coppola, Malena Pichot y Maya Angelou. Gracias a Mónica García Prieto, Sarah Andersen y Trifonia Melibea. Gracias a mis amigas, por ser un ejemplo de inteligencia, bondad, humor y amor (y por destrozar esa falacia de que las mujeres somos malvadas entre nosotras).

Gracias a las histéricas, a las malas madres, a las niñatas cursis y a las marimachos de todas las latitudes. Gracias a las frígidas, brujas, mojigatas, zorrones y locas del coño. Gracias a las que iluminan cavernas. Porque fueron, somos. Porque somos, serán.

Niñas, jóvenes, adultas o ancianas. Las mujeres lo podemos todo, pero no podemos con todo. Por eso tenemos que cuidarnos y querernos. Por eso debemos luchar para mantenernos vivas, protestonas y contentas. La revolución feminista será una verbena furiosa o no será. Ya tenemos un día, solamente nos falta conquistar los otros 364. Al ataque, pendones desorejados.

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