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Maite Mercado

Entrañas, miradas y rabos de toro

Todavía ando medio dormida después de acostarme de madrugada el martes viendo la tercera entrega de «MasterChef 5». Creo que este domingo será el último para mí, porque el lunes es fiesta, si no vuelven a cambiarlo de día. Pasaron al martes huyendo de «Supervivientes» y ahí que les colocaron otra gala del reality que ha empezado muy bien ­-de audiencia- con broncas descomunales entre Alba Carrillo/madre y Gloria Camila/novio, entre otras. Y la semana que viene estreno también el martes de la serie «La Casa de Papel» en Antena 3 por lo que TVE ha vuelto al domingo con el rabo entre las piernas. Y no me refiero al que hicieron cocinar al bellezón de esta edición, que propició los comentarios más ´picantes´ de la noche: «le damos el rabo a Jorge», «que venga Jorge con su rabo», «no pongas así el rabo»...

Pensarán que siempre puedo apagar la tele a las doce como si fuera una Cenicienta sin príncipe ni calabaza pero ya que estás, piensas, un poquito más; no quieres irte a la cama sin saber si van a expulsar a Nathan. Pero no, otra semana y sigue el enchufado del programa, bastante insoportable por vanidoso pero que da mucho juego con su duelo de miradas con Jordi Cruz, que hace como que le tiene entre ceja y ceja, vigilando cada uno de sus movimientos. Ningún casting que se precie prescinde de un concursante odioso.

El yerno de los propietarios del Mr Kao de Barcelona volvió a empezar fatal con sus patas de pollo y oímos al cocinero catalán decirle que su plato era «el peor de la historia de MasterChef». La memoria histórica no va con él. No se acuerda de aquel «león come gamba» y de que dos días antes -para nosotros- le dijeron lo mismo a la «marranada» que creó Paloma.

Esta es mi primera vez con los fogones de TVE. Muy recomendado por grandes amigos, reconozco que es muy entretenido, tanto como para hacerme perder el sueño, aunque no tengas ni idea de cocina. Pero, sabiendo que lo que digo es una grave herejía, no puedo evitar dudar de las decisiones del jurado. Ellos prueban los platos y sueltan sus temibles veredictos pero como no podemos catar nosotros, hemos de confiar en su palabra cuando no se les nota el gesto de asco -impagables los de Samantha Vallejo-Nágera-. Debo estar demasiada acostumbrada a los otros talent donde vemos las actuaciones y compartimos o no los dictámenes de los tribunales, muchas veces escasamente cualificados, es cierto; en MasterChef, con expertos de verdad, somos meros espectadores.

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