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Opinión

Emilio Garrido

Socialistas ahora

En la carta con la que Pablo Iglesias invita al PSOE a sumarse a su moción de censura recuerda que «hoy el PP no cuenta con mayoría absoluta ni siquiera sumando los votos de Ciudadanos». La gestora socialista no es que sea un alarde de inteligencia, pero de este detalle creo que sí se había percatado. Ha resultado asombrosa la negativa general que ha suscitado la propuesta de moción. Si no fuera Iglesias quien la impulsara, ¿daría también plantón el resto de fuerzas políticas? ¿Por qué cae tan gordo Pablo Iglesias como para que sus cinco millones de votos resulten irrelevantes en el Congreso?

No es justo decir que Pablo hace el juego a Mariano Rajoy, pero sí que su moción no va exactamente contra el PP sino contra los socialistas. Y, sobre todo, contra los socialistas que ganen las primarias. Cuando, después de Vistalegre II, Íñigo Errejón fue fulminado, un inmenso horizonte de socialdemocracia radical se abrió a los pies de Pedro Sánchez y hacia él se dirige. Es lo malo que tiene laminar al compañero y no darle su 40 % proporcional incluida la tertulia de la Ser. Ahora Iglesias no tiene colchón hacia el centro y le encantaría que las primarias del PSOE las ganase Susana Díaz porque desde Lenin se sabe que «cuanto peor, mejor».

El PSOE, es cierto, siempre ha tenido como mínimo dos caras. Una tiende a confundirse con la derecha (connivencia con el dictador Primo, golpe de Casado, conversaciones con Armada, GAL, españolismo) pero hay otra de pensamiento lúcido y aportación crítica al debate social desde que el otro Pablo Iglesias lo fundara hace ahora 138 años.

Pepe Reig y Francisco Sanz son dos militantes valencianos de esta corriente. El primero vio refundar el partido en su casa paterna de Alicante durante la transición. El segundo debatió públicamente con el secretario Ximo Puig hace tres años. Reig y Sanz presentan esta tarde en el centro Octubre su libro de artículos Socialistas ahora. Nunca se han callado. Quizá por ello, orgánicamente siempre han sufrido cláusulas techo, cuando no zancadillas suelo. Su hilo narrativo es potente. Se empeñan en dotar al PSOE de la marca izquierda. De reinventarla, de teorizar sobre un futuro en el que el estado del bienestar vuelva a estar vinculado a estas siglas, dentro de un panorama de unidad. Y parecen decirlo convencidos.

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