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Todo un conflicto de intereses

Tiene razón la periodista canadiense Naomi Klein al decir que Donald Trump y los suyos se ríen cuando se les habla de pequeños conflictos de intereses en el Gobierno porque todo él, empezando por el propio presidente, es "un conflicto de intereses".

Ya sabemos la importancia que tiene el dinero para llegar a cualquier cargo político en Estados Unidos, pero en el caso de los nombrados por Trump, el patrimonio neto que acumulan llega a los 14.500 millones de dólares.

Y eso, precisa Klein, sin contar al asesor especial del presidente, el inversor y magnate de los negocios Carl Icahn, a quien se atribuye una riqueza personal de más de 15.000 millones.

Que con un equipo así, Trump diga que su propósito es sobre todo ayudar al trabajador medio estadounidense, de quien cruelmente se olvidaron los anteriores gobiernos, entra de lleno en lo grotesco.

Trump ganó la Casa Blanca prometiendo que devolvería al país a los viejos días de fábricas prósperas, que pagaban a sus trabajadores salarios más que decentes que permitían mantener a toda una familia.

Su estrategia se basaba en el eslogan "Compra productos americanos, contrata sólo a americanos", lo que no deja de ser un sarcasmo, escribe Klein (1) por parte de alguien que ha hecho su fortuna "externalizando" y "explotando" a los trabajadores.

Trump es el símbolo de una época en la que, como no se cansa de argumentar esa periodista e incansable activista contra el cambio climático, lo único que cuenta es la "marca" y no lo que se produce bajo esa etiqueta ni tampoco dónde y en qué condiciones se fabrica.

Trump es una marca potente y la coronación que supone su llegada a la Casa Blanca le está sirviendo a su titular para potenciar aún más ese símbolo de poder en beneficio no sólo suyo sino de toda su familia.

Pero es que al igual que Trump, los ex banqueros de Goldman Sachs, los ex empresarios del sector energético o los militares que forman parte de su equipo van a poder utilizar las palancas del poder en beneficio de sus de momento aparcados negocios.

Gentes como el ministro de Exteriores y ex director ejecutivo de Exxon-Mobil que construyeron sus exitosas carreras al socaire de las crisis o los lobistas de la poderosa industria armamentista o del cada vez más próspero sector de la seguridad privada que forman también parte del Ejecutivo.

No ha perdido tiempo Trump en rebajar del 35 al 15 por ciento el impuesto de sociedades y anunciar que eliminará un 75 por ciento las regulaciones laborales o medioambientales que impiden la necesaria expansión empresarial.

Como se ve, pensando sólo en el sufrido trabajador estadounidense.

(1) Naomi Klein: "No is not enough. Defeating the New Shock Politics".Ed. Allen Lane 2017

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