Opinión
Agustín Zaragozá
Neuras
La gente es muy neura. O eso parece si observas el mundo con cierta cautela. El mundo externo e interno, quiere decirse. No sabemos si existen uno y otro, pero sí hay valoraciones objetivables para sostener la siguiente premisa mayor, a saber: misteriosas sinergias neuróticas gobiernan el orden supuestamente lógico del universo. Créanme este aparente disparate. Soy entendido en la materia, no por mi grado de Filosofía, sino porque si hay un gremio delirante, maníaco y antojadizo, ése es el del profesorado.
De adolescente detestaba a bastantes profesores (ahora a toda la humanidad, pero ésta es otra cuestión). Cuesta entender su manantial de dislates. Si me dedico a la enseñanza es porque ya entendí la locura colectiva de los educadores, incluso la del planeta entero. Entiéndanme. Llega el de Historia y te pide que subrayes todo el libro a lápiz. En la hora siguiente, la de Lengua, exige lo contrario. El de Química no se pronuncia, incluso da que pensar si le importan un comino los lápices y los subrayados. A todo esto entra el de Filosofía, quien, haciendo justicia a su honorable fama de raro, te pregunta si el lápiz es una proyección de tu mente (o al revés, ahora no caigo). En fin. Habrá que plantearse si la causa del fracaso escolar reside en las neuras planetarias, una suma de todas las que pululan en el ecosistema de un instituto. El inadaptado vendría a ser quien carece de capacidad adaptativa a ese orden neurótico. Esto difumina la línea entre cordura y locura. De ahí mi debilidad por el alumnado problemático, casi siempre más sugerente a pesar de sus tristes expedientes de inadaptados. Sin neuras uno es aniquilado del sistema.
Como las neuras dirigen además el sistema límbico, esta columna iba a tratar otro asunto, esto es, otra neura. Pretendía escribir sobre esos neuróticos de manual que guardan cola en la playa al amanecer con la intención de plantar su sombrilla a escasos metros del mar. Un poeta o budista se fundiría ensimismado ante la imponente salida del sol. Cosas de chalados, ya saben. Por fortuna, la neura está de moda. Y ahí tenemos a esos simpáticos neuróticos -en la playa, en los institutos, en la barra del bar de la esquina- aportando sentido a la vida. Las neuras como fundamento y sentido existencial. ¡Qué cosas!
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