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Guedes dispara la ilusión

El Valencia CF ganó el viernes por la mínima a un Las Palmas muy mermado por las bajas (Vicente Gómez) y las deserciones (Roque Mesa y Boateng), que perdió además en el minuto 33 a Halilovic por una entrada muy fea sobre Gayà. La casi euforia despertada en el valencianismo, sin embargo, se explica por dos años de sequía absoluta y por las buenas vibraciones que transmite el equipo de Marcelino, tanto en la organización colectiva como en el carácter del grupo.

Otra cosa es la calidad técnica de la plantilla, muy justa y limitada a la clase de Parejo y al crecimiento imparable de Carlos Soler. Este chico es refractario al victimismo y a la opinión de la mayoría de los «expertos», que le vaticinaban una caída en picado de rendimiento si arrancaba jugando de interior izquierdo.

Por cierto, ahora que todos se apuntan a valorar la categoríadel capitán Parejo hay que recordar que él siempre estuvo ahí, dando la cara en las buenas y en las malas, siendo en ocasiones víctima, como todos, del despropósito en la dirección de la entidad (fichando futbolistas y entrenadores incapaces de representar con dignidad al Valencia CF).

Al contrario que sus predecesores, Marcelino sí ha visto un filón en la cantera del Mestalla: son chicos competitivos allá donde les pongan. Nacho Vidal es una roca por el lateral derecho y Nacho Gil puede servir para revolucionar cualquier partido desde la habilidad y la picardía del extremo de toda la vida. El central Javi Jiménez también ha demostrado velocidad y capacidad de anticipación (se puede confiar en él), a pesar de estar condenado a volver al Mestalla ante la llegada de un batallón de centrales de prestigio.

Está claro: Marcelino va a blindar el equipo por el eje, los centrales y el medio defensivo, talón de Aquiles del VCF en las dos últimas campañas. Son decisiones ranozables del técnico encaminadas a frenar la sangría goleadora del Valencia en los dos últimos años.

No era tan complicado para el dueño, Peter Lim. Se trataba de fichar un entrenador fiable y seguir sus instrucciones con la máxima fidelidad posible, dentro de las lógicas servidumbres del mercado. Se trataba de deshacerse, aunque se hayan regalado, de un paquete de futbolistas capaces de hundir un club con sus salarios hinchados y su ínfimo rendimiento. Se trataba de que el fútbol, por fin, esté por encima de todo lo demás.

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