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Palabra de rey en la escalada del odio

En su mensaje al país, el rey resumió anoche la extrema gravedad de la deriva independentista de los dirigentes y de una parte de la sociedad catalana, calificando de inaceptable su deslealtad a las bases legales de nuestra democracia y a las autoridades del Estado. Felipe VI reivindicó la legalidad como fundamento convivencial de todos los españoles en un mensaje profundamente preocupado sin invocaciones trágicas, e inclusivo sin edulcorar un punto la conducta de los secesionistas, que es merecedora de absoluta repulsa. Los catalanes que se sienten españoles no están solos, enfatizó. Y así ha de ser. El jefe del Estado habló como tal y lo hizo en términos incontestables.

Pero el país sigue en vilo. Detrás de las acciones y reacciones políticas o sociales empieza a dibujarse la sombra del odio, que es lo menos controlable en cualquiera de los escenarios de consumación del conflicto. Su naturaleza irracional desafía la razón conciliadora y envenena la convivencia. En la respuesta de una parte muy significativa de la sociedad catalana a las llamadas cargas policiales, que en lugar de cargas fueron hechos de contención, y en la huelga general pagada, se hizo visible la expresión del odio en ciudadanos ajenos al activismo radical. Un odio dirigido contra los cuerpos de seguridad, que cumplieron órdenes superiores presumiblemente atenidos al alcance ordenado. La descripción hiperbólica y una visualización tan trufada de mentiras y mixtificaciones como la misma votación del no-referéndum, fue caldo de cultivo de respuestas como las del martes, sencillamente incompatibles con la esencia y las formas de la democracia.

No lo son menos las ofensas a Gerard Piqué en un entrenamiento de la selección española de fútbol. El fútbol no lo es todo, pero sí un fenómeno de masas capaz de expresar la potencialidad de un odio latente. Que vengan los analistas de la Unión Europea y de la ONU y dimensionen objetivamente la realidad de la violencia y la vulneración de los derechos humanos. Es muy importante que vengan y conozcan de primera mano esa realidad, valorando causas y efectos sin ignorar que lo más dramáticamente urgente es detener la escalada del odio.

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