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Habermas no tiene buenas palabras para Merkel

Mientras muestra la misma fascinación que otros alemanes por el presidente francés, Emmanuel Macron, el filósofo Jürgen Habermas no tiene buenas palabras para la Alemania de la canciller Angela Merkel.

En declaraciones a un semanario francés (1), Habermas denuncia "el intergubernamentalismo, que garantiza a Alemania un papel rector en el Consejo europeo, y la política de austeridad impuesta por Berlín a los países del Sur , siempre en apabullante beneficio propio".

No cree el teórico de "la acción comunicativa" que un nuevo gobierno de coalición como el que se vislumbra en Berlín, "saturado de tensiones internas", vaya a modificar ese rumbo.

De hecho, el líder de uno de los partidos que negocian su entrada en ese gobierno, Christian Lindner, del Partido Liberal, y aspira a ocupar el ministerio de Economía podría ser incluso más duro, según se desprende de sus palabra, de lo que ha sido a su frente Wolfgang Schäuble.

El interrogante es si tendrán la suficiente fuerza para impedirlo, si finalmente entran también en la coalición, los Verdes, cuyos actuales dirigentes parecen pecar de oportunismo y sólo parecen perseguir algún ministerio.

Pero, explica Habermas, la canciller Merkel no puede ignorar que "la Unión Monetaria Europea, crucial para Alemania, no logrará alcanzar la estabilidad a largo plazo mientras continúen agravándose las grandes disparidades de renta nacional, desempleo y deuda pública entre las economías del Norte y del Sur".

Esa dinámica "destructora" de Europa sólo podrá detenerse, sostiene el filósofo, si se establecen más allá de las fronteras nacionales condiciones que permitan "una competencia más justa".

Y si, al mismo tiempo, se llevan a cabo medidas políticas que reviertan "los actuales procesos de "desolidarización, no sólo entre poblaciones de los distintos países, sino también en el seno de cada país".

De ahí, pese a sus diferencias ideológicas, que él mismo reconoce, su entusiasmo por Macron cuando éste reclama que la eurozona "haga avances concretos en armonización fiscal, se graven las transacciones financieras y terminen convergiendo los diferentes regímenes sociopolíticos".

Habermas no comparte el escepticismo de otros políticos y filósofos de izquierda, que ven en Macron un instrumento del capital, aunque dice que habrá que ver si cumple sus promesas "socioliberales, tendentes a mantener un delicado equilibrio entre justicia social y productividad económica".

"Como hombre de izquierda, confiesa Habermas, no soy "macronista", si es que ese término tiene algún sentido, pero la manera en que habla de Europa marca la diferencia".

Cuando los populismos nacionalistas hacen furor en buena parte de Europa, el discurso ilustrado y europeísta de Macron parece fascinar a muchos. ¡Veremos!

(1) Último número de octubre del semanario "L´Obs".

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