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Decía Josep Pla que «per a plagiar cal tenir molta lectura, molta memòria, s'ha de saber on són les coses. Ara tothom és original, perquè no sap res de res». Me temo que ya ni eso. Ahora cuando se plagia, se plagia lo obvio y lo inmediato. Aquel tiempo de los renacentistas plagiando a los clásicos ya pasó. Se plagia, pero se plagia sin esforzarse demasiado. Sólo hay que darse una vuelta por la televisión, llena de series con mujeres de aspecto «vintage» que se parecen a otras mujeres de aspecto «vintage» que han salido en otras series y que se han enamorado de un espía británico. O vayan ustedes a las librerías, donde verán un montón de novelas con portadas también de diseño «vintage» sobre mujeres que se enamoran de espías británicos. Si sale un nazi o un falangista guapetón, el bestseller está asegurado.

En música, claro, también se plagia. La última ha sido (presuntamente) Lana del Rey, una mujer estupenda y de aspecto «vintage» que canta canciones como si estuviese viviendo en un anuncio de perfumes. A Lana del Rey la han acusado los Radiohead por haberles plagiado en una de sus últimas melodías perfumadas aquel mítico «Creep». El parecido es evidente, pero ahora los expertos deberán dilucidar si es lo suficientemente evidente (es decir, si los compases de ambos temas coinciden en número suficiente) para considerarlo plagio. En eso los Radiohead son unos expertos, porque ese «Creep» suyo también fue acusado (y al parecer, con razón) de plagiar un tema bastante alopécico de The Hollies, compuesto por el gibraltareño Albert Hammond. Sí, toda nuestra vida es un plagio de otras muchas, pero algunos deberían de disimular.

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